Si vos venís acá y, cuando termina el entrenamiento, agarrás el auto y te vas, esto no sirve de nada. Hay que hablar con los compañeros. Yo hablo mucho con Teo. Lo miro mucho cuando entrenamos. Aun así, no sé cuánto es exacto el tiempo que se demora en conocer a un delantero.” Son las tres y media de la tarde. La práctica terminó a las doce y media. Jonathan Fabbro entró a almorzar a la una, y a la una y veinte salió para dar una entrevista. Salió de la sala donde dio el reportaje a las tres de la tarde. “Ya estoy para el postre”, dijo, con una sonrisa, sin importarle el tiempo perdido del día. Una parte tiene que ver con disfrutar a River. Otra con eso que explica: las cosas llevan tiempo y llevan, sobre todo, esfuerzo. Esa es su receta para resolver el desafío que tiene el equipo de Ramón Díaz para seguir peleando el campeonato: en poco tiempo, que su ataque se conozca.
Cuando Ramón Díaz planteó el ejercicio que harían en este entrenamiento, los que miraban la práctica se sorprendieron: paró dos equipos de 12 jugadores, repartió la cancha en tres partes, separó dos defensas y armó un rectángulo en el mediocampo. “Jugar a dos toques hace la diferencia”, anunció el técnico, dando los detalles finales: con pechera celeste, Manuel Lanzini, Teófilo Gutiérrez, Ariel Rojas, Carlos Carbonero, Leonel Vangioni y Fabbro debían pasarse la pelota entre todos y que otros seis, de pechera amarilla, no se las pudieran sacar. Recién al lograr una serie de combinaciones, podrían atacar al rival.
“Nos dijo que hacíamos eso para poder conocernos. Teo nunca jugó con Fabbro. Manu nunca jugó con ellos dos. Es un ejercicio que ya hicimos otras veces. Es para trabajar mejor el ataque”, explica Rojas, al terminar la práctica. Un día antes, Teo había anunciado que Ramón Díaz tenía en claro qué resoluciones táctica había que tomar para hacer más goles. Por eso, decidió trabajar el ataque a puro toque rápido, separándolo del Lobo Ledesma, quien no entraba en ese rectángulo.
¿Cuánto tiempo es el que tarda una delantera en conocerse? No por casualidad, Teo y Fabbro son los que se detienen a pensar esto. El delantero, acostumbrado a meterla, tira a quemarropas: “Yo creo que con un partido alcanza.” El enganche es más cauto: “Es una pregunta difícil. No tiene una respuesta exacta. Miro mucho a Teo. Veo cómo se mueve, cuándo va a girar, cuándo va a picar. Pero, claro, eso lo hago acá en los entrenamientos. En el medio de un partido no voy a poder agarrar, mirar cómo se para y decir: ‘ah, bueno, ahora Teo va a ir para este lado’.”
Para jugar contra San Lorenzo, el próximo domingo en el Nuevo Gasómetro, Ramón Díaz, al menos en la práctica de ayer, dejó entrever que ingresará Fabbro en lugar de Rodrigo Mora. Ese será el primer partido de la dupla Fabbro-Teo, que se sumarán a Lanzini, a quien el cuerpo técnico considera uno de los mejores jugador riverplatense en este campeonato.
Fabbro y Teo se volvieron amigos desde el momento en que llegaron. Son los dos grandes refuerzos que trajo Ramón Díaz para este campeonato. Los dos son de selección y se perderán el partido de vuelta contra San Lorenzo por la Sudamericana: Fabbro deberá enfrentar a Bolivia y Teo a Ecuador. River tiene cuatro puntos de 12. Está a seis de Newell’s. Ganó uno, empató uno y perdió dos en lo que va del torneo. No está fuera de la pelea campeonto, pero dio ventaja en el arranque porque su ataque llegó tarde: a Fabbro lo habilitaron en la segunda y a Teo recién en la cuarta. Nunca estuvieron juntos todavía. Este domingo comienza la historia y la pregunta queda picando: ¿cuánto tarda un ataque en entenderse? La respuesta la escribirán ellos y los gritos de Ramón Díaz que piden dos toques.
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