sábado, 24 de agosto de 2013

Sin su público, con las tribunas del Cilindro vacías, Racing perdió con Arsenal por 2-0 y agudizó así su crisis futbolística.

Solos y de noche, como cantan los Redondos. Ayer los once jugadores de camiseta celeste y blanca vivieron la caída con Arsenal rodeados de vacío y ausencia. Sin público, con sus propios gritos y los de los técnicos retumbando entre las tribunas. Si algo hizo más triste todo fue ese estado de soledad. Racing sufrió en silencio. Y fue una situación curiosa para su historia: siempre que hubo una derrota dolorosa estuvo su gente. 

El golpe que recibió con Arsenal fue duro por su contexto. Son tres derrotas consecutivas en el torneo (cuatro si se cuenta la Copa Sudamericana); tres derrotas en cuatro fechas, uno de los peores arranques en torneos cortos. Para dar una idea de la dimensión: así empezó el torneo Apertura 2000 cuando, con Alberto “Pampa” Jorge como entrenador, la Academia terminó en el último lugar de la tabla. Y así empezó el Clausura 2009 cuando Juan Manuel Llop se fue y llegó Ricardo Caruso Lombardi.

El estadio vacío hizo todo más doloroso. Luis Zubeldía había dicho que la ausencia del público perjudicaba al equipo: el aliento de la hinchada levanta a los jugadores y presiona sobre rivales y árbitros. Anoche, en cambio, que se jugara en soledad pareció favorecerlo a él mismo: la impaciencia ante la derrota se hubiera convertido en bronca contra el entrenador, que está en la cuerda floje como cualquier técnico que acumula esta seguidilla de derrotas.

Todo es curioso en Racing. El mes pasado Horacio Elizondo estuvo con los jugadores para explicarles la nueva regla del offside, donde se permiten los amagues del jugador adelantado. No sirvió: el primer gol de Arsenal fue exactamente así. Milton Caraglio primero se tiró a buscar la pelota y luego se frenó. Matías Cahais también lo hizo. Y Mauricio Sperdutti aprovechó para irse solo y mandar el centro a Marcelo Rolle. Una distracción increíble de la defensa. Rolle repitió cuando ya todo parecía acabado. Porque Racing no reaccionaba. Ese segundo tanto de Arsenal hizo más onda la herida académica.

Y todo en silencio. Racing perdió con goles que nadie gritó, más allá de los jugadores y el banco de suplentes. El dolor de la Academia rebotó en esa olla vacía que fue el Cilindro de Avellaneda, el estadio que hasta ayer tuvo prohibido recibir hinchas por los festejos desmesurados ante el descenso de Independiente. Eso también muestra la situación de Racing: tanto pensar en la desgracia ajena, tanto creer que ahí se jugaba su propio campeonato, se olvidó de la gloria propia. Todo esto sumado a la crisis por la que atraviesa la dirigencia del club por sus internas, y que esta semana derivó en la renuncia del cura Juan Gabriel Arias. Quizá sea hora, para Racing, de comenzar a mirar hacia adentro, ponerse frente al espejo. Y salir adelante.

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