viernes, 30 de agosto de 2013

Vélez armó un jugadón para el primer gol y se armó de paciencia hasta definir el partido ante Belgrano, 2-0, y clasificarse para los octavos de final de la Copa. El equipo de Liniers, después de los éxitos locales, quiere una Copa.



El triángulo perfecto formado por Lucas Romero, el volante central, y los zagueros Fernando Tobio y Juan Sabia, se balanceó todo el partido sobre la tela de una araña. Como si Belgrano fuera el elefante que un instante cualquiera se le podía caer encima: aplastarlo y dejarlo afuera de la Copa Sudamericana. El trío miró desde los fondos cómo el resto de Vélez se encaramaba, a pura paciencia, hacia el arco de Juan Carlos Olave, como en las mejores épocas de la gestión de Ricardo Gareca. A partir de esa imagen proyectada en el tiempo llegó el gol de Ezequiel Rescaldani. Una obra colectiva de cuatro toques –un pase a la red y un pique al vacío de Agustín Allione–. 

Aquellos que tienen el ojo agudo en analizar al equipo de Liniers, aseguraban anoche que Vélez jugó el mejor partido del año. Ese primer tanto, al mejor estilo de Arsenal inglés, es una buena muestra. Tac, tac, tac. Todos toques de primera que terminaron en delirio fortinero. A los 28 minutos de partido, con una sola jugada, el Fortín ya había tapado todo lo malo que había hecho en Córdoba, hace quince días, cuando Belgrano le hizo precio con el 1-0 en su debut internacional. 

El buen nivel individual fue el que hizo crecer al equipo. Romero, ese vértice del triángulo que aguantó todos los errores de los centrales, fue el ejemplo. Lo siguió Rescaldani, el goleador fortinero en lo que va del año, delante de Lucas Pratto, Facundo Ferreyra –que se mudó de Liniers a Ucrania– y Mauro Zárate, que ya lleva casi dos meses en el club pero apenas suma un puñado de minutos con la ve azulada dentro del campo de juego. 

Agustín Allione, otro de los juveniles a los que Gareca les va dando mecha de a poco, fue la llave que abrió la puerta para que Vélez pase a octavos de final y mantenga el viejo sueño de sanar la deuda internacional, después de tanta cosecha de títulos locales en los últimos años. El juvenil volante entró con decisión al área y se dejó caer al primer agarrón de camiseta. Pratto, ese gigantón que entiende perfecto cómo se juega a la pelota aunque su cuerpo haga parecer todo ridículo, definió con clase para marcar el 2-0.

Belgrano, ese equipo armado a mano por Ricardo Zielinski desde hace dos años y medio para defender y tratar de aprovechar algún error del rival, debió cambiar el libreto. Y lo hizo bien, pese a la urgencia: la improvisación hizo la fuerza cordobesa, que embistió contra el área local. Si no fuera porque Jorge Velázquez falló cuando intentó tirársela por arriba a Sebastián Sosa ni por las manos mágicas del uruguayo que le taparon el remate agónico a Lucas Pittinari, el Pirata se hubiera manoteado la clasificación. Pero por lo visto anoche, sobre todo por ese golazo que firmó Rescaldani, hubiera sido injusto.

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