No llamó la atención su enojo en la conferencia de prensa de ayer: llamó la atención que no lo mostrara en la conferencia de prensa de la semana pasada. Entró, no puso su sonrisa cómplice y los que lo conocen hace mucho adivinaron que se vendrían declaraciones feroces, como las de otra época suya. Le preguntaron si estaba fastidiado y se mordió los labios: “Estoy caliente.” Ramón Díaz nunca leyó a Maquiavelo, tampoco a Sun Tzu, no terminó el secundario y su vocabulario cotidiano no supera los 500 términos. Sin embargo, su capacidad de construir y de destruir políticamente es de minucioso jugador de ajedrez. Luego de 21 días sin que le habilitaran a Teófilo Gutiérrez y a Rodrigo Mora, pateó el tablero.
Lo que parecía un conflicto administrativo se volvió un problema político en un club que pisa un semestre electoral en el que muchos –hasta algunos propios– le apuntan a la cabeza de Daniel Passarella. Por primera vez, Ramón Díaz se cansó y dejó de ser el principal caballo que empujaba en una institución que vive momentos de alta complejidad.
Su declaración del último viernes había funcionado como un posible dardo hacia uno de los dirigentes: “El vicepresidente Diego Turnes me dijo que Teo va a estar habilitado para las tres de la tarde.” El transfer no llegó y nadie a esta altura podría asegurar que aquel mediodía el entrenador tuviera confianza en que fuera a llegar. Desde el lado de Turnes, aseguran que ese día nadie lo había llamado a Ramón Díaz. Aun así, él decidió jugar y dejar a un directivo como esclavo de una declaración: si no llegaba, el público le daría la responsabilidad al protagonista que él mencionaba. El técnico sabía que los hinchas siempre iban a estar con él. Ayer ironizó: “Muchas veces han tenido, no te rías, mucha más información ustedes que nosotros”.
Esa fue la primera fractura visible.
“A esta altura, estas cosas tendrían que estar definidas”, dijo ayer, mostrando que se había cansado de esperar. Por alguna razón extraña, mencionó que Daniel Passarella le había dado tranquilidad. Aún así, fue duro: “No podemos usar los refuerzos. Hace como 15 o 20 días que venimos hablando de cuándo se incorporan y no hablamos de fútbol. El equipo no está definido como queremos. Estamos intranquilos. Lo que se planifica no lo puedo resolver, me impacienta y me pone mal.”
Esa fue la forma de poner en su lugar al conflicto: como decir que, si el equipo no gana, la culpa la tienen los de las oficinas y no nosotros.
“Yo creo que Teo y Mora van a cambiar al equipo cien por cien”, desafió, dejando más en claro que nunca que los problemas estaban en la ausencia de esos jugadores. Si en este torneo le faltan cinco puntos para llegar al puntaje perfecto se esconden ahí: en los que no supieron resolver con agilidad los trámites administrativos para mover 1,75 millones de dólares hacia México.
Esa fue la forma de apretar a fondo, incluso arriesgando el currículum propio, en caso de que esa fórmula futbolera no funcione.
Ramón destacó en reiteradas ocasiones que valoraba los esfuerzos de la dirigencia de River por los esfuerzos que hacían para traer a Teófilo Gutiérrez. Ayer, sin embargo, cambió los elogios: agradeció a los refuerzos la voluntad que tenían por ponerse esa camiseta y resignar dinero. Esbozó una breve crítica contra el sistema de control de divisas, pidiendo que los trámites puedan hacerse rápido. En ningún momento comentó que siendo martes no se había hecho el depósito del dinero.
Simplemente demostró lo que muchos temían: tal como lo había hecho luego del Superclásico pasado, mencionó que él podía llegar a irse. “Que la gente no se olvide de que voy a dar el máximo, tuve y sigo teniendo ofertas internaciones pero sigo estando y me voy a quedar. Si hay alguno que no lo entiende, es fácil decir que venga otro, lo resuelvo fácilmente.”
Frente a lo que muchos temblaron. En estos días, la idea de los directivos es renovarle el contrato hasta 2015. Será un gran paso a nivel político: la primera gestión de Daniel Passarella dejará un entrenador que –al menos en lo que invoca su contrato– se quedará hasta la mitad de la siguiente gestión. En diciembre se definirá de quién será eso.
Muchas veces, Ramón Díaz dijo que prefería mantenerse al margen de las elecciones, que él venía a hacerle bien a River. En este caso, simplemente está esperando que le habiliten a los jugadores, aunque sus dichos desestabilizan. Mientras, algunos dirigentes aseguran que la plata está. Otros que ya se envió. Otros que no la mandaron. Otros que esto puede terminar en una catástrofe.
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