Giovanni Pablo Simeone estaba pronto a cumplir los 18 años, la barrera legal que separa a los niños de los adultos, cuando le avisaron que debía armar el bolso y sumarse al primer equipo de River para viajar a Salta. No era mayor de edad y se dirigía a su primera pretemporada como futbolista profesional, pero lejos estaba en su mente que, comenzado el Torneo Inicial, iba a ser el delantero titular de River en las primeras fechas. “Nunca pensé que iba a llegar de esta forma, tan rápido. Pero cuando me habían llamado para hacer la pretemporada sabía que tenía que estar al 100% para llegar a donde estoy ahora”, dijo el hijo del Cholo al demostrar su ADN Simeone.
–¿Esa cultura del trabajo la heredaste de tu viejo? Él dice que el esfuerzo no se negocia.
–Sí, viene de mi papá, eso. Lo aprendí de él y mirá donde está, hasta dónde llegó. Él siempre quiere más, me inculcó eso y yo no me quedo con esto porque también siempre quiero más.
–¿Podés tomar perspectiva de lo que estás viviendo?
–Recién ahora estoy empezando a disfrutar de todo lo que me pasó en el último mes. Tengo que estar agradecido de todo lo que me está pasando. Todo lo que pude hacer y todo lo que voy a seguir haciendo es por el trabajo que realicé hasta ahora. No sólo físicamente, sino también mentalmente por las presiones y las ansiedades con las que tengo que convivir. Eso se maneja mucho con la cabeza, y por suerte el cuerpo técnico y el plantel me ayudaron a bajar esos nervios.
–¿A qué clase de trabajos mentales te referís?
–Me hablan mucho los más referentes, como Leonardo Ponzio, el Lobo Ledesma o Barovero, que son los más grandes. También me habló Emiliano antes del debut y el otro día, contra Rosario Central, hasta el Chino Luna se me acercó. Eso me ayudó un montón para jugar estos dos primeros partidos. Es complicado jugar así, que te pongan ahí con 18 años, que te expongan y tener que arreglártelas por tu cuenta y tratar de demostrar lo que sos en ese rato que te dan, sean 90 minutos o diez. Por eso estoy muy agradecido de cómo me trataron.
–¿Te cayó alguna ficha desde que estás en Primera?
–En este mes aprendí muchísimo. A tener más responsabilidad, a tener más compromiso dentro y fuera de la cancha. Eso me está ayudando muchísimo para los entrenamientos y poder mejorar día a día. Dentro de la cancha aprendí que el roce y el ritmo de juego es muy cambiante. Yo venía de jugar en Reserva y en las inferiores, que tienen un nivel mucho más bajo, y toparme con esto es un choque para mí. Pero tengo que tratar de adaptarme lo más rápido posible para poder seguir. Todavía tengo que mejorar con la pelota, a llevarla con mejor técnica. Confío en el trabajo del cuerpo técnico, que me da ejercicios para hacer jueguitos o llevar la pelota en un circuito de conos. También, a poder relacionarme con los jugadores, a unirme más al grupo porque hace poco tiempo que estoy y eso me ayudaría muchísimo.
–¿El gol te desvela?
–Un delantero siempre tiene que pensar en el gol, trato de tenerlo en mi cabeza, entre los dos ojos para poder vivir del gol.
–¿Ese trabajo mental también te ayudó a convivir con ser “el hijo de...”?
–Eso lo tomo con mucha tranquilidad porque ya nací con ese peso del apellido. Pero creo que hoy cuando entro al vestuario ya me pueden reconocer como Gio. En el principio me costó un montón demostrarlo, era muy difícil porque no era nadie ni era nada. De chico, algunos me rechazaban porque pensaban que estaba acomodado y tuve que adaptarme y convivir con eso. Hoy me toca estar con jugadores que son más grandes, que entienden un poco más lo que es mi personalidad.
–¿Qué puertas te abrió y que obstáculos te generó ser Simeone?
–Yo siempre digo que el apellido Simeone es una cosa aparte. Giovanni soy yo, con mi personalidad, es mi carrera, no la de mi papá. Él es técnico, yo soy jugador, él jugaba de cinco, yo juego de nueve, son cosas distintas. Trato de demostrar eso como siempre lo intenté, a la prensa, al plantel, a mis amigos, e incluso a mi familia.
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