En especial a Carlos Bianchi. Porque, después de perderse la práctica del viernes por un fuerte estado gripal que llegó a poner en duda su presencia en el partido de esta tarde frente a Atlético de Rafaela, el enganche participó sin problemas del último entrenamiento de la semana y le llevó tranquilidad al Virrey de cara a un cruce importante para el Xeneize.
El viernes, Román ni siquiera se había movido diferenciado, porque en el cuerpo médico lo mandaron a la casa a que hiciera reposo. Por eso ayer, con todos los cuidados contra el frío, el Diez se reincorporó a los trabajos para no perder otro día de entrenamiento. Es que este es un momento para hacer valer aquello de “suframos juntos” que le dijo al entrenador en el verano, cuando decidió volver al club.
Porque la derrota contra Newell’s del martes despertó en el equipo de la Ribera viejas incertidumbres que parecían haber quedado en el pasado. Ante las dudas, el entrenador necesitaba tener dentro de la cancha al Diez, al hombre capaz de cambiarle la cara al equipo. Contra la Lepra, Román tuvo una muy buena etapa inicial, en especial durante los primeros 20 minutos de juego: además del exquisito pase para Juan Manuel Martínez en la jugada del primer gol, el enlace dejó algunas pinceladas de su talento y fue el dueño que el equipo tanto necesita. En el complemento, su peso en el desarrollo del encuentro decayó, pero la sensación general fue positiva, más allá de la caída.
La presencia de Riquelme, además, le soluciona un dilema a Bianchi: si el Diez no podía jugar, el entrenador estaba obligado a cambiar el esquema, porque el otro enganche que tiene en el plantel, Leandro Paredes, está en plena recuperación de la rotura del ligamento de su tobillo. De todos modos, en la práctica de ayer no se vio el equipo en la cancha, porque el entrenamiento consistió en un fútbol informal, en el que los arqueros fueron Emmanuel Gigliotti y Juan Manuel Martínez.

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