viernes, 23 de agosto de 2013

Cinco años después del famoso partido de la Libertadores en el que San Lorenzo de Ramón eliminó a River, el ahora equipo del Pelado se sacó la espina al ir al Nuevo Gasómetro sin gente visitante en las tribunas y ganar por 1-0.


Aquel silencio, fuerte y con una melodía que más tarde se patentó –con un alto grado de ingenuidad y por Oscar Ahumada– como el silencio atroz es la música que le intenta poner San Lorenzo a la noche en el Nuevo Gasómetro donde se burla de este River que, esta vez y por medidas de seguridad, no tiene gargantas que rompan con este clima. “Aquella noche no se olvida más”, dicen, y saltan, los miles que traen a escena –inevitable, claro– la hazaña del San Lorenzo dirigido por Ramón Díaz que en la Libertadores 2008 levantó un 0-2 y llegó al empate con ocho jugadores para avanzar de ronda y dejar en el camino al River de Diego Simeone en el Monumental y con los gritos eufóricos de ese Pelado que ahora está otra vez en la vereda de enfrente. Toda esa escena, que no ofrece grietas por la monotonía y ordinariez de un partido mal jugado, sólo se quiebra y apaga cuando Jonathan Maidana mete el único gol que tendrá este clásico por los octavos de final de la Copa Sudamericana. Entonces, el triunfo enciende la ilusión de la venganza de este River –aunque los nombres ya no sean los mismos– en casa ajena y con la llave a mano para la estocada final en Núñez.

La popular visitante de San Lorenzo no tiene público, pero en ese gol del marcador central retumban voces del banco de suplentes, de los jugadores en el campo de juego y de los tantos que andan sueltos con una radio en la oreja o una tele a mano. Ahí está, dicen, quienes todavía recuerdan con un dolor insuperable uno de los episodios más tristes en torneos internacionales. Ahora, trazan paralelos que –al menos por este partido de ida– poco tienen que ver si lo que se tiene en cuenta es el resultado. Aquella vez, el 2-1 a favor de San Lorenzo en este mismo Nuevo Gasómetro daba el aire alentador por ese gol que se convierte en casa ajena y que, en el global, permite superar barreras hacia la final. Entonces, los goles de Matías Abelairas y de Sebastián Abreu armaban la fiesta inolvidable para los octavos de final de una Copa en la que Simeone y sus jugadores planificaban el viaje por los cuartos de final frente a Liga de Quito. Pero apareció Gonzalo Bergessio y, en apenas tres minutos, le arrancó el corazón a más de 50 mil personas.


Dicen, y está claro, que cada historia es independiente aunque en alguna esquina de la vida se encuentre con la otra. Esta de San Lorenzo y de River, en particular, tiene condimentos y ese morbo necesario por recuerdos que molestan, pero que en esta noche fría y sin brillo, ensayan una caricia en el alma para quienes todavía se acongojan por el día del silencio atroz. Cinco años más tarde, el que sale de este vestuario del visitante con la emoción de los que ganan un partido es el mismo entrenador que, aquella noche oscura, estaba sentado en el otro banco. Ramón Díaz, el gran protagonista de esta historia que en el primer partido en el Nuevo Gasómetro le hizo un guiño a su equipo, otra vez.

El jueves 5 de septiembre, cuando se termine de jugar esta serie River y San Lorenzo llegarán de verse las caras por el Torneo Inicial, cuatro días antes. Si esto también lo convierte en un desafío especial se sabrá al final del camino. Mientras tanto, River prepara su revancha.

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