Un suspiro alcanzó para dejar en claro que el partido iba a estar cargado de emociones. En poco más de diez minutos, Lanús y Estudiantes, dos equipos que se animan a jugar, se quebraron los arcos. Se lastimaron. Pero, como para dejar en claro que el fútbol es uno de los deportes menos previsibles, todo se fue a pique: salvo por ese inicio demoledor, se quedaron en intentos y el juego, que pintaba para partidazo, se quedó en el olvido. Ayer, entonces, hubo empate 1 a 1 y los puestos jerárquicos del torneo quedaron sin grandes modificaciones.
En la primera parte, el Pincha llegó al gol inaugural de la noche luego de una gran jugada colectiva y de una definición extraordinaria –de chilena– de Guido Carrillo. De todos modos, a pesar de encontrarse con el marcador abajo rápidamente, el local, golpeado, salió decidido a dar vuelta el marcador. Para tranquilidad de su gente, encontró –por fortuna– el empate con suma urgencia: un pelotazo de Agustín Marchesín terminó adentro del área visitante, que Lautaro Acosta –primer gol desde su regreso– mandó al fondo de la red luego de caerse. Después de ese tanto, y durante toda la primera parte, el control fue establecido por el Granate, que hizo lo que quiso con el Pincha, que se vio sobrepasado por la situación. Todo lo que había hecho bien el equipo de Mauricio Pellegrino en los primeros minutos, fue desapareciendo con el correr del partido: le entregó la pelota a Lanús, que supo cómo manejarla.
Los dos extremos de Lanús –Acosta y Romero– fueron importantes para darle más oxígeno en el ataque. La apuesta que mantuvo siempre Guillermo, la de hacerse ancho en ofensiva, le dio resultado. Pero sólo en el primer tiempo. Porque en el complemento, Lanús dejó de ser ese conjunto fresco para convertirse en un grupo de once jugadores sumamente previsible. Los de La Plata, entonces, anticiparon los movimientos estratégicos del Grana. Incluso, pudieron haber ganado el partido si no hubiera sido por las muy buenas intervenciones de Marchesín. Apenas un cabezazo que se fue cerca y alguna que otra jugada aislada, fue lo poco que pudo rescatarse de Lanús en la segunda mitad.
Lo que está claro es que Estudiantes se acostumbró a complicarle la vida a Lanús, sobre todo en los partidos de los últimos campeonatos. Ayer, por caso, la visita se llevó un buen empate.
Por otra parte, el partido, como se sabe, fue especial porque la última vez que ambos conjuntos se habían enfrentado fue justamente la tarde del asesinato de Santiago Jerez, simpatizante del Grana. Lo particular, sin embargo, fue que ayer no hubo minuto de silencio en su homenaje. Los hinchas locales, naturalmente, hicieron saber su malestar por esa situación. “Al Zurdo –como llamaban a Jerez–no lo vamos a olvidar”, cantaron una y otra vez durante todo el partido. “Justicia por el Zurdo” y “Justicia por mi papá”, se pudo leer en algunas banderas. Mucha tristeza por ese recuerdo cercano; en el medio, un partido de fútbol. Y en ese partido, un espectáculo que se quedó en intenciones.
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