martes, 16 de abril de 2013

Brindisi, nuevo DT de Independiente

Se bajó Julio César Falcioni. Se bajó Jorge Fossati. Se bajó Enzo Trossero. Se ofreció Pedro Monzón. Sonaron Ricardo Zielinski, Pepe Romero, Gabriel Milito, Diego Cagna y Sebastián Rambert. Hasta Ricardo Caruso Lombardi se bajó, aunque nadie lo llamó. Fue sólo humo.
Fumata roja.
Porque apareció, por la noche, el hombre. El que se había bajado durante el día. El que había dicho, firme. “Este es un momento para que esté otra persona: agradezco el interés, pero no voy a aceptar.”
Aceptó.
Por la noche, Miguel Ángel Brindisi se reunió con el presidente Cantero en Puerto Madero y se convirtió en el nuevo técnico de Independiente.
¿Qué cambió la historia? Un llamado de Julio Humberto Grondona habría sido el dedo en la llaga del entrenador. ¿Fue un pedido? ¿Un favor? ¿Una sugerencia? ¿Una demanda? Por lo pronto, fue lo que permitió que Independiente pase de tener una lista interminable de técnicos sin chances de asumir a una posibilidad concreta, clara, con aspectos positivos.
Brindisi es un tipo de la casa. Quiere a Independiente, como Independiente –su gente, sus dirigentes– lo quieren a él. Fue campeón como jugador y como técnico, en un equipo –el de 1994– recordado por mostrar un buen fútbol. Un dato no menor: dirigió a Gabriel Milito, que agarraría en una función nueva, una especie de nexo entre el nuevo cuerpo técnico y los dirigentes (ver pág. 5). Eso suma. Para todas las partes.
Y es la salvación.
¿Del descenso? No se sabe, claro. Sí de una cuestión insólita, un papelón, que es no tener técnico después de haber empujado al Tolo Gallego a dejar su espacio. No había plan B. Había –sentían– una necesidad de descomprimir la situación.
El plan B resultó Brindisi.
El “no” inicial de Miguel tuvo que ver con la exigencia por parte del técnico de proyectar a largo plazo. No quiere asumir por diez partidos. No quiere ser responsable de un desenlace que nadie quiere y tener que irse por la puerta de atrás, con el equipo en otra categoría y él, empachado por la última cena. Largo plazo. Un proyecto: en Primera o en la B Nacional.
Grondona, decían anoche por lo bajo algunas fuentes, fue la clave. Un pedido, un favor, una sugerencia, una demanda. Lo que sea. Atrás quedaron Falcioni, Fossati, Trossero, Zielinski. Todos los etcéteras.
Va Brindisi.
Llegará con Carlos Squeo como ayudante de campo y Rubén López de preparador físico, aunque podría sumarse algún colaborador más.
Llegará, Brindisi, por dos años: no quería ser una figurita pegada en un álbum casi lleno. Quería llenar sus propias páginas. Eso hará. Eso tendrá que hacer desde hoy.
El domingo dirigirá a Independiente ante Atlético de Rafaela, como visitante. La idea del presidente es esa. Lo dijo cuando arrancaba la noche, después de reunirse con la Comisión Directiva. “¿Quién va a dirigir el domingo? El nuevo técnico.” No dio nombres, aunque dijo que iba a reunirse con alguien. También descartó varios candidatos. Se rió de algunas posibilidades. Se lo veía animado.
Ahora se entiende por qué.
El presidente pasó de la angustia por alejar a Gallego a tener un remplazante, tal vez, inmejorable desde el aspecto emocional. Para los hinchas no es lo mismo un hombre del club que un desconocido. No es igual el que llega para intentar hacer su historia que el que llega para continuarla. Después de tantos rechazos, Independiente necesitaba el sí, quiero.
Lo dio Brindisi. El plan B. Para quedarse en la A.

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