Desde el pitazo inicial de Pezzotta, el granate se instaló en campo rival a partir de la tenencia del balón en el mediocampo, y con esa actitud consiguió abrumar al local en los instantes iniciales hasta el punto de generar a los tres minutos de juego la primera situación clara con un remate de Guido Pizarro que se fue cerca del palo izquierdo de Limia.
El cotejo comenzó a emparejarse luego pero sin perder la dinámica, transformándose en un partido de ida y vuelta, con el mediocampo como sector de tránsito para unos y otros. El correr de los minutos aplacó la furia inicial del Granate, que cedió terreno y pelota para dar paso a un partido más parejo y trabado que bien jugado.
En el inicio del complemento, Unión volvió a la cancha con una actitud renovada, emparejando el trámite y dando vida a un partido trabado y sin mayores emociones hasta el sacudón del minuto 13, cuando Guillermo Cosaro sacó un centro cerrado que demandó la intervención de Marchesín para sacar al córner una pelota que se le metía en el segundo palo.
Fue más que su rival el conjunto local en los primeros minutos y pudo cristalizarlo a los 20 cuando Andrés Franzoia sacó un fuerte remate que Marchesín descolgó de uno de sus ángulos.
Sabiendo que no estaba en una buena tarde, Lanús dejó todo en la primera parte y pareció conformarse con un empate que lo devolvió a la punta del torneo. Unión fue pura voluntad y solo con eso pudo convertir en figura a un Marchesín que respondió con absoluta seguridad en cada ocasión que fue llamado a intervenir.

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