jueves, 25 de abril de 2013

Copa Argentina. Sorpresa n° 1: Estudiantes de Caseros eliminó a River de la Copa. Con un gol de Pablo Ruiz, el equipo de la B Metro consiguió un triunfo histórico ante el equipo de Ramón Díaz, que se enojó con los hinchas por los insultos para los pibes.

Ramón Díaz salta del banco de suplentes y mira a la popular. Junta la yema de sus dedos, se da vuelta y deja de mirar el partido. “Jugadores, la concha de su madre, a ver si se dan cuenta, que no juegan con nadie”, grita el público sanjuanino, enojado con la derrota que está pasando por delante de sus pupilas. El entrenador de River se indigna y deja de pensar en el partido. Mira a la gente y dice al aire: “¿Qué están haciendo? ¿Qué están cantando?” La reacción es extraña, pero claramente contundente. La hinchada deja de cantar.
River pierde contra Estudiantes de Caseros en un hecho insólito. Por el pasado reciente, no se vuelve tan increíble: los Millonarios hace una temporada estaban jugando en el Nacional B y se cruzaron equipos de categoría semejante. Pero para el conjunto del oeste del Gran Buenos Aires es pura alegría. Por los dieciseisavos de la Copa Argentina, están derrotando a uno de los clubes más importantes del fútbol argentino. Uno que –pese a que tiene suplentes esta vez– está peleando el campeonato.
Ramón Díaz sigue enojado. Más enfadado con la gente que con sus jugadores. A quienes retará bajo el concepto de que River debe ganar siempre en cualquier cancha y en cualquier circunstancia. “No podemos reaccionar”, le dice a Emiliano, su hijo y su ayudante de campo. Aún así, pese al resultado, su actitud sorprende: el hombre que es dios para esos colores, uno de los que más veces dirigió a esa camiseta, el más campeón de la historia, se para y le dice a los hinchas que se callen, que frenen, que eso no va. Y todos enmudecen.
Dentro del césped, los jugadores también caen en esa bronca. La derrota no es merecida. Arrancó el partido y puso, a través de los pies de Rodrigo Mora, dos cruces con los palos. Uno de tiro libre y un mano a mano. Ratos después, Augusto Solari se pierde un cruce con el arquero. Pero, tras un error defensivo que le cuesta carísimo (uno que va suceder otros errores), empezó a diluirse, a perder la brújula, a desesperarse.
Una desesperación con toda la lógica. Una que explotaba lado a lado. Porque Estudiantes cada vez estaba más atrás, conviviendo con el temor a despertarse y a que el sueño de estar ganándole a River se terminara. Pero que llegaba con furia a Ramón Díaz, indignado, con la cadena desatada, la misma, aunque por motivo diferente, que se soltó del otro lado, en un equipo de la Primera B Metropolitana que tuvo su noche soñada, de festejo. Eliminó a River de una Copa. El River de Ramón.

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