Matar. Combatir. Emboscar. Dirimir. Robar. Revender. Cobrar. Traicionar. Aguantar. Pelear. Correr. Esperar. Ver un partido de fútbol y volver a matar. En la cancha, en el club, en la calle o en las rutas. Cualquier día. A cualquier horario. Desde hace cuarenta años el fútbol profesional de la Argentina carga con un monstruo de muertes y prontuarios delictivos que tiene a los barrabravas en el índice de cualquier partido perteneciente al calendario de la AFA. Sin embargo no son los únicos en este enredo sin madeja que involucra a funcionarios del poder político y judicial. A futbolistas, dirigentes, policías, hinchas y periodistas.
La enceguecida interna por el poder y el control de la barra brava de Boca Juniors, que lleva más de dos años de disputa a la vista de la toda la patria futbolera, volvió a empaparse de sangre. Dos muertos tras el feroz enfrentamiento en las adyacencias del Nuevo Gasómetro tres horas antes de que se disputara la Copa de Invierno entre San Lorenzo y Boca Juniors, volvieron a poner al fútbol en la órbita de la violencia infranqueable. Las razones según la Justicia se deberían a una emboscada de los soldados del ex jefe Rafael Di Zeo, que buscan recuperar su lugar en “La 12”, a cargo de Cristian Fido Debaux desde que Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro están en prisión.
Sin soluciones que tuerzan el rumbo durante los próximos campeonatos, el fútbol y su entorno siguen sin encontrar la salida. Para el ex futbolista Claudio Husaín, actual panelista del programa Fútbol Total de la señal DirecTV, la problemática de las barras lejos está de ser resuelta. “Tiene que intervenir el poder del Estado. El negociado, la torta de dinero que suponemos que es por la que se están peleando, debe ser grandísima. Van a matar por esa guita. Hoy se habla de internas entre barras de un mismo equipo en todos los clubes. Muchos están desbordados porque son las barras las que los manejan. Podrá estar el AFA Plus, la venta a través de tarjeta de crédito y ellos siempre van a tener un centenar para revender y repartirse porque alguien los avala”, dice Husaín mientras destaca que en sus veinte años de trayectoria jamás imaginó este nivel de violencia. “Desde que mataron a los dos hinchas de River en 1994 después del superclásico con Boca, no hay club modelo. Hace dos meses en Vélez Sarsfield apareció un muchacho muerto dentro de la cancha. En la puerta de la sede de Lanús asesinaron a un cabecilla por una interna. Un policía mató un hincha por las dudas en el Estadio Único de La Plata. El poder político tiene que arrancar: prohibirles las entradas en los clubes. Si no se los financia terminás brindando más garantías a los socios. Son socios de la cana, se matan por un puesto de paty o por un estacionamiento. No tenemos solución”, cierra.
Incansable enemigo de Julio Grondona desde hace años, Raúl Gámez denuncia a la AFA como eje del mal. “Si a las barras no les sacamos lo que les da poder no vamos a lograr nada. Como primera medida no hay ni que llevarlos a los mundiales ni usarlos políticamente. Porque esto les da un poder adicional. Hay que erradicar la posibilidad de que consigan entradas. Y aunque los dirigentes digamos que no, todos los clubes están condenados a recibir presiones. También lo sufren los jugadores que deben darles plata”, agrega Gámez no sin pensar soluciones inmediatas: “Que haya fiscales de la Justicia dedicados exclusivamente a la realidad cotidiana de los clubes. Que se ejerza la ley y que haya castigos a los equipos en caso de connivencia. Cuando los visitantes estén empadronados en los clubes y tengan su abono anual, intransferible, antes del inicio del campeonato habremos dado un paso adelante. El AFA Plus es un fracaso”.
La mirada del periodista y psicólogo social Walter Vargas no escapa a las generales del desánimo. Con más de treinta años como periodista, el editor del diario Olé cree que “a diferencia de otros países como el caso de los hooligans en Inglaterra, no hay ninguna voluntad política desde el Estado de terminar con este fenómeno. Las barras han sido funcionales a las patotas sindicales y a los partidos políticos. Hay una gigantesca cadena de complicidades. No sólo le cuento las costillas a este gobierno, todos han sido funcionales a los barras. Hay una violencia específica que atañe sólo al fútbol. Los dirigentes conocen a los barras y los vienen prodigando todos estos años”, argumenta Vargas.
“El presidente de Estudiantes, Enrique Lombardi, ha recibido amenazas luego de aplicar el derecho de admisión. Pero hay directivos del Comité Ejecutivo de AFA que te dicen ‘no nos metamos con los barrabravas’. El periodismo también debe dejar de tener una mirada romántica de la cultura del aguante. El hincha presuntamente bueno habla de los trapos, de correr por la avenida. El plateísta de Boca escupe al técnico rival. Hay una cultura barrabrava y una especie de hipocresía que cultiva el hincha presuntamente bueno que esconde cierta complacencia hacia la barra brava”, agregó Vargas. El periodista sostiene que “soy escéptico porque ni los políticos ni los dirigentes tienen voluntad de cambiar esto. Y la policía mucho menos. Para ellos la violencia es un gran negocio. Arman operativos de seguridad de mil efectivos. Esta cadena de hipocresías incluye también a los futbolistas. Martín Palermo fue a visitar a Di Zeo a la cárcel”.
El antropólogo e investigador del Conicet José Garriga encuentra razones en la falta de políticas públicas: “Soy pesimista pero a largo plazo es posible modificarlo. La prevención es fundamental. No hay soluciones mágicas. La violencia en el fútbol no atañe sólo a las barras. Son tal vez el actor principal de la violencia pero no son los únicos. Erradicándolos probablemente la violencia no se va a terminar. Sólo sería reducir el problema. Hay más muertos en el fútbol a causa de la policía que por enfrentamientos entre hinchas. La policía es un factor de violencia, hay que darles herramientas de prevención. Se debe tener una visión integral del problema que incluya a periodistas e hinchas. Es común pensar que el negocio para los barras es importantísimo, pero no es sólo eso. Ser barra te da prestigio, te legitima en el barrio, ante cierto periodismo, directores técnicos, jugadores e hinchas. Hay plateístas que tiran piedras y dirigentes que aprietan árbitros. Otro error es ligar la pobreza a los barras. Mejorar las cuestiones edilicias de los estadios es un factor fundamental”, esgrime el autor de Violencia en el fútbol. Investigaciones sociales y fracasos. “Que una parte del dinero del Fútbol Para Todos mejore los estadios, los ingresos y salidas. Si a vos te tratan mal como espectador, te hace sentir mal. Si los barras van al Teatro Colón y los tratan bien se van a portar bien. El contexto también nos forma”.
Números Fatales
278 Muertes Desde 1930 hasta la fecha por violencia en el fútbol.
100 Disparos se efectuaron en el enfrentamiento de “La 12”.
8 Estadios habilitados para utilizar el AFA PLUS.
850 Efectivos policiales se utilizaron en el último Superclásico.

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