viernes, 26 de julio de 2013

Nueve números 9 con sed de revancha.

Historias mínimas y máximas de goleadores que dejaron su huella y que, vacíos de red, ausentes de arco, buscan oxígeno arropados en otro destino, con otra camiseta. Se trata de relanzarse al espacio, de escapar de lamalaria terrenal. Algunos más, otros menos. Algunos con nombre propio, otros con apellido no tan sugerente. Todos, a su manera, conviven con el gol: la historia de nueve números 9 con el ímpetu de volver a ser.

Ramón Díaz le cierra la puerta a David Trezeguet.
Y el viejo gladiador del gol lanza su advertencia: "Quiero dejar una marca en Newell's". Carlos Bianchi le cierra la puerta a Santiago Silva. Y el indomable artillero lanza su advertencia: "Quiero volver a jugar y a marcar goles". Casi, casi, está a punto de incorporarse a Lanús, que pagaría US$ 1.500.000 a Fiorentina (su anterior club), lo que podría liberarlo del encierro xeneize. Lucho Zubeldía le cierra la puerta a Pepe Sand . Y el antiguo socio del gol lanza su advertencia: "Voy a tratar de volver a ser el jugador que era antes de Racing". Está en Tigre. Con el olfato aquel, según los especialistas del pequeño universo del Matador.

Son tres símbolos, cada uno con su historia peculiar. Tres artilleros veteranos, con batallas ganadas en varios frentes, con títulos conquistados en diversas latitudes, dispuestos a recuperar ese viejo romance: vivir del gol.

Detrás de ellos tres, otras historias. Máximas y mínimas. Máximas, como el caso de Teo Gutiérrez , que a diferencia de la mayoría de sus colegas no está peleado con el arco adversario, juega en el seleccionado colombiano, pero tiene una vocación: triunfar definitivamente en el fútbol argentino. En River, exactamente. Marcó 11 goles en 32 partidos en Cruz Azul: la relación costo-beneficio no es tan mala. Lo que anhela el polémico colombiano, de 28 años, es dejar atrás la pesadilla del final violento en Racing. Aquellas historias negras de vestuario. Volver a ser, de otro modo.

Otro nombre propio: Mauro Zárate
, mientras se intenta una treta legal para liberarlo del cerco jurídico y económico de Lazio. En Vélez, si puede, si lo dejan, buscará el postergado despegue, atosigado de tanta controversia extra futbolera. A los 26 años, en su último, a préstamo y fugaz, paso por Inter anotó tres conquistas en 31 juegos. Casi nada para un atacante de sus quilates.

Van cinco, faltan cuatro para redondear el círculo de los nueve goleadores que quieren recuperar el extraviado carnet de artillero. Que vuelven al fútbol argentino con hambre de celebraciones. Mauro Matos dejó All Boys, se mudó a México (San Luis de Potosí) y regresó a Floresta, con el guiño cómplice de Julio Falcioni. Hay aventuras pasajeras (cuatro tantos en 13 partidos), vueltas que se nutren del pasado. Matos, en All Boys, vivió literalmente del grito: fueron 39.

Más. Milton Caraglio surgió de Rosario Central y anduvo por el mundo. El último paso, Pescara (tres partidos y nada bajo el arco). Ahora, quedó maravillado con la planificación ofensiva de Gustavo Alfaro, en Arsenal. Osvaldo Miranda quiere gritar goles en Argentinos; jugó en Racing, en Independiente y viajó con una maleta de goles (53, la mayoría con la cabeza, por su 1,90m) en variados destinos, algunos exóticos, otros de ascenso.

El círculo de los nueve números 9 con sed de desquite se cierra con Chipi Gandín. Por tercera vez en Colón. Con 13 goles en 37 encuentros, Gandín dejó su marca (relativa, por su capacidad) en Atlético de Rafaela, su último club. Voraz, insaciable, quiere celebrar muchos más. Como sus colegas, en ese deseo irresistible de enamorarse otra vez de la red.

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