Atlético Mineiro remontó el 0-2 en contra que había sufrido en Paraguay y ganó por el mismo score. Así, el equipo de Ronaldinho forzó los penales y derrotó 4-3 desde los doce pasos al club paraguayo. El Mineiro logra este certamen por primera vez en su historia.
El partido terminó 2-0 a favor de Mineiro, con goles de Jó, a los 46 minutos, y Leonardo Silva, a los 87' y en los penales ganó el equipo brasileño.
Atlético Mineiro, como contra el duro Newell’s Old Boys de Tata Martino, Maxi Rodríguez, Heinze y Nacho Scocco, saltó al terreno comprometido con la causa. En aquél entonces era revertir un 0-2 para acceder a esta final, hoy para ser campeón.
Consciente de la desventaja en el marcador global y urgido de abrir el partido lo antes posible para que ese segundo gol en vez de ser una utopía estuviera al alcance de la mano; Mineiro jugó a toda velocidad, a la manera en la que ser preciso cuesta un poco más. No es fácil combinar la cabeza con los pies en plena aceleración, ni para el Ronaldinho de estos días.
Ciertamente tuvo alguna aproximación el dueño de casa. No fue su mejor actuación (lejos estuvo), pero con tamaño potencial en la ofensiva pudo ingeniárselas para inquietar a Martín Silva, arquero guaraní. Centros rasantes que nadie empujaba, algún disparo de Ronnie de media distancia, poco más. Balas que picaban cerca, como para mostrarse atento.
El asunto es que con tanta preocupación por atacar, Junior César y Michael, laterales brasileños, se encargaban de pasar al ataque dejando profundos huecos a sus espaldas que Silva y Salgueiro supieron aprovechar.
Olimpia, además de la solvencia mostrada en la ida, se adaptó al cambio de esquema (pasó a jugar con cinco defensores) entendiendo cuál era la táctica a explotar: jugar ancho y largo para el uruguayo con pasado en San Lorenzo, Alejandro Silva o Fredy Bareiro, dejando al trío mano a mano con los defensores de Atlético.
Con esta simpleza en el concepto, sin demasiado desgaste, dedicándose más a defender que a buscar un gol, los paraguayos le complicaron la velada a los brasileros, que al término de la primera mitad se fueron al vestuario con el desencanto propio de saberse perdiendo 2-0 y jugar contrarreloj para revertir la historia.
Sin embargo el segundo tiempo trajo emociones al por mayor, impensadas por cómo terminó la primera parte. Corría el primer minuto de juego cuando Ronaldinho lanzó un centro que tras un mal rechazo le quedó a Jo para empujarla al gol. 1-0 y a soñar con la hazaña.
Y llegó el gol de Leonardo Silva (St. 41m.) que estiró todo a la definición a los remates desde el punto del penal, ya que en el cotejo de ida, el combinado paraguayo se había impuesto por el mismo resultado.
La final necesitó de tiempo suplementario, en el que no se modificó el marcador, por lo cual debió recurrirse a la definición por penales para consagrar al campeón.
Por esa vía, para el local convirtieron Alecsandro, Guilherme, Jó, Leonardo Silva, mientras que por Olimpia sólo acertaron Juan Ferreyra, Salustiano Candia y Eduardo Aranda y fallaron Herminio Miranda y el argentino Matías Giménez.
El partido se jugó en el estadio Mineirao de Belo Horizonte, colmado por unos 59.000 espectadores, de los cuales 5.000 del equipo paraguayo, y fue arbitrado por el colombiano Wilmar Roldán.
La expectativa que generó esta final permitió recaudar unos 14 millones de reales, cerca de siete millones de dólares, la mayor recaudación en la historia del fútbol brasileño.
Atlético Mineiro conquistó asi por primera vez el título en el torneo, que Olimpia había alzado en 1979, 1990 y 2002, las dos primeras al mando del uruguayo Luis Cubilla, fallecido este año, y la última con el argentino Nery Pumpido como entrenador.
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