Así en Vélez, como en sus anteriores etapas en Boca, el Virrey conquistó corazones y humores sostenidos por el triunfo pero, más aún, por esa valoración de los personajes que condujo. Dijo, al salir del club y antes de llegar a Racing: “Bianchi ha sido uno de los mejores entrenadores que me tocó conocer”.
Gustavo Barros Schelotto había jugado poco y nada en ese equipo ganador hasta con Real Madrid. Sin embargo, aquel reconocimiento fue genuino y tal vez el primero de una serie de comentarios de quienes se iban del club sin tanta exposición en un Boca histórico. Se iban, no sin antes hacer hincapié en un punto determinante: Bianchi es un gran conductor de grupos, y ese es el secreto de su éxito.
“Bianchi me quemó y me faltó el respeto al mandarme a la Reserva. Esperaba otra cosa de él”, dice Cristian Cellay. “Tenía una imagen de él y ahora tengo otra. Por trato y formas me quedo con Julio Falcioni, sin dudas. El técnico nos pedía en la cancha cosas que no entrenábamos en la semana”, dice Emiliano Albín. “El grupo no pudo terminar de unirse”, dice Walter Erviti. “No vine a Boca para jugar en Reserva”, dice Lautaro Acosta. Voces, recientes como las de Cellay, y lejanas como las de Acosta. En Boca y contra Bianchi, esa estatua imaginaria a la que le empiezan a encontrar grietas que dejan ver un poco más allá del vestuario.
Algo cambió, en estos ocho años de siesta, para que a Bianchi lo bajen tan fácilmente de la nube y de su cielo. Los resultados, dirán, no acompañaron a Boca en este tercer ciclo y eso abre el espacio para la crítica porque, en caso contrario, todo esto hubiera quedado debajo de una baldosa floja. El concepto, sólo ajustable a la letra chica del resultado, tiende a un análisis simplista. Y lo que antes eran elogios enfocados en el buen manejo de los grupos, ahora es acusación permanente en la que –incluso– también es castigado por la participación de Mauro (su hijo) en la representación de futbolistas. “Te va a crecer la nariz como pinocho”, escribió Matías Giménez en su Twitter en referencia a una declaración del hijo del Virrey que aseguraba: “Yo no cobro para llevarle jugadores a mi papá.” Hace unas semanas, otro de los que le apuntó a Bianchi junior fue Clemente Rodríguez: “Me reclama un dinero que no le corresponde. Una vergüenza.”
Dicen que los entrenadores se analizan –o al menos así lo hacen los planteles– en los malos resultados y en las decisiones que toman. Bianchi pasa, tal vez, por el momento más complicado desde que es entrenador y de Boca, porque ni el mejor guionista de cine hubiera escrito esta primera parte de su año. Las voces se alzan, quizás estos jóvenes y los cambios de la sociedad también tengan que ver. Pero, ya sin importar nombres ni años ni categorías, al Virrey se le animan con dos, diez o cien partidos en la Primera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario