miércoles, 10 de julio de 2013

Diego Cagna asumió otra vez en Tigre, donde consiguió el ascenso y dos subcampeonatos.

El destino le tenía guardado un segundo capítulo a la historia de Diego Cagna como entrenador de Tigre. Ese primer episodio de 2005 en el que el flaco ex volante de Boca y de Independiente asumió el rol de técnico en Victoria dejó grandes momentos que, evidentemente, son la apuesta por la que ahora se convirtió en el sucesor de Néstor Gorosito para armar un equipo en esta nueva temporada: “Al volver a este club la sensación que tengo es alegría, la gente me quiere y yo los quiero, por eso no dudé en venir”, dijo Cagna luego de su presentación con los futbolistas en el Hindú Club de Don Torcuato.

Tres años de buenos y malos recuerdos, en los que se logró el ascenso a la Primera en la Promoción ante Nueva Chicago y que luego lo puso al borde de un título, cuando su equipo definió el torneo en un triangular junto a Boca y San Lorenzo. “El ascenso a la Primera fue mi mejor momento en Tigre. Y, por otro lado, los subcampeonatos me dejaron un sabor más amargo, pese a lo valioso que fue para la institución por haber quedado tan cerca del título”, comentó el flamante entrenador.

El reencuentro con rincones y con caras que cruzó en tres temporadas y en dos categorías también le ofrece a Cagna la posibilidad de volver a dirigir a varios de los futbolistas que tuvo en su ciclo pasado. En ese sentido, el arribo de Lucas Wilchez –viene del Colo Colo de Chile– es parte de eso que el técnico busca como componentes directos en la vieja idea: “Es un jugador ofensivo, desequilibrante... es muy desequilibrante, a mí me gusta mucho. No sé si es ventaja que jugadores como Wilchez me conozcan y que yo los conozca a ellos. Lo que es bueno es conocerse, porque más allá de los buenos tiempos que vivimos en etapas anteriores, te pueda dar un plus en cuanto a los tiempos de armado”.

En la búsqueda de piezas para diseñar su plan en el Torneo Inicial, Cagna tiene claro que deben llegar caras nuevas: “Acá faltan jugadores, deben llegar refuerzos, pero a los que están los veo con ganas. Cuando se hacen las cosas bien los resultados llegan. Por ese motivo, no me sorprendió para nada que Tigre jugara la Copa Libertadores o llegara a la final de la Sudamericana.” Igualar esos lugares a nivel internacional será, lógico, una tarea difícil de cumplir. Sin embargo, el técnico no baja las ambiciones en cuanto a su idea y a esa identidad que busca para este ciclo: “Hay que trabajar, hay que entrenar. La expectativa es jugar bien y ser protagonistas. Hay que sacar puntos, estar atentos al promedio pero sin pensar en eso. Lo importante es elegir una intención de juego y un camino, pero el fútbol argentino se maneja con resultados así que todo dependerá de eso.”

A los 43 años, y luego de una corta experiencia en Estudiantes de La Plata –durante el último campeonato– Cagna se cruza con una nueva chance de volver a prender las luces de ese cartel que, justamente, se había encendido en su primera intervención como conductor de Tigre. Dice, en el final, que ojalá pueda contar con Lucas Orban –“aunque no le quiero cortar la carrera a nadie”– y se ilusiona con su renacimiento.

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