jueves, 11 de julio de 2013

Acostumbrado a los roces, Heinze recibió una plancha y sólo duró 25 minutos. Pudo haber sido el último.




Gabriel Heinze tuvo mucho que ver con este presente de Newell’s. Por lo que representa más que por su juego, el ex mundialista con la Selección se transformó en un referente del equipo. Por eso las caras de preocupación invadieron el banco visitante cuando el rubio defensor de 35 años quedó tendido en el piso. Había recibido una terrible plancha de Pierre. Con amor propio, se levantó y siguió, pero nunca más pudo pisar bien. Encima, a los cinco minutos volvió a recibir un golpe, esta vez un cabezazo dentro del área. Y se volvió a levantar. Pero ya no podía más. A los 25 minutos Heinze miró al banco y realizó la clásica seña pidiendo el cambio.
Martino ya lo había mandado a calentar a Víctor López, el experimentado central que venía con poco fútbol, quien terminó entrando en un momento muy caliente de la semifinal, cuando el Atlético Mineiro se venía con todo en busca de su segundo gol.
Con toda la bronca dibujada en su cara, Heinze salió caminando despacio ante la silbatina de todo el estadio. Saludó a su remplazante y se sentó en el banco. Allí, los médicos de Newell’s lo revisaron y le diagnosticaron un esquince de rodilla. Recién cuando su pierna se enfrió Heinze comenzó a renguear y así se fue caminando hasta el vestuario cuando terminó el primer tiempo.
Una pregunta invadió a todos los hinchas de Newell’s, los que estaban en el estadio y los que se comían las uñas mirando la televisión: ¿habrá sido el último partido de Heinze en Newell’s? La respuesta la tiene sólo él.

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