Mineiro lo durmió al instante al equipo rosarino. Todo lo que el plantel de Newell’s no pudo descansar la noche previa con el juego tradicional que provocan los brasileños en sus tierras en etapas de definiciones, se revirtió en los primeros 180 segundos desde el pitazo inicial. La maravillosa habilitación de Ronaldinho, con la refinada distracción de mirar para un lado y enviar el balón para el otro, no fue sólo una acción para los flashes. Sino que quien solitariamente desfiló por el área y se enfrentó con Nahuel Guzmán, fue Bernard. El pequeño de 20 años y 1,63 de estatura definió como lo catalogan todos en Brasil: un proyecto de crack que regala genialidades y goles, en su equipo y la selección.
El estadio Independencia estalló y mucho creyeron que la definición estaba sentenciada. Quedaban 87 minutos y si bien el 1-0 le ofrecía regalías al equipo argentino, las posibilidades se inclinaban para el equipo brasileño, que se hermanó con el ímpetu de plasmar esa ventaja que lo depositara en la final de la Copa. Sin embargo, el conjunto Mineiro sólo se quedó en arranques individuales, especialmente durante el primer tiempo y se fue debilitando en intenciones con el transcurso del tiempo y el adelantamiento del equipo rosarino. Inteligente y ambicioso, Newell’s lo midió al rival y entendió que generarle daño, sería la mejor ecuación.
Y lo puso en práctica el equipo de Gerardo Martino. Atrás dejó la lesión de su comandante del fondo, Gabriel Heinze y el vendaval ofensivo del conjunto de Minas Gerais, como tampoco escuchó al ensordecedor aliento de los torcedores y trató de jugar pensando en el arco de enfrente, aunque poco generar para conquistar el pasaporte a la final.
Lo que vino después fue muy negro para el conjunto rosarino, que sintió el parate por el corte de luz parcial y sobre todo el gol de Guilherme que lo llevó a la definición desde el punto del penal, en el que prevalecieron las manos de Victor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario