Lo hago. Interrumpo y le doy la pelota a Oscar, a Neymar, a Hulk, a Fred. Ah, y lo siento delante de una televisión a Ronaldinho, para que se tome una caipirinha y descanse. Que organice la fiesta, que los más jóvenes se luzcan, que la defensa –Dani Alves, el capitán Thiago Silva, David Luiz y Marcelo– certifique que no tiene desperdicio. Porque los laterales siempre fueron de colección. Porque ahora también, cuando se viene el empate, David Luiz estira su pie y saca la pelota centímetros antes de que atraviese la línea. Y con estilo. Y eso me agranda. Y eso hace que el Maracaná hierva. Si en la historia se destacaron los delanteros y los mediocampistas ofensivos, ahora tengo a estos defensores. Tomá. Soy Brasil, recordalo. Siempre. Soy Brasil. Y en Brasil.”
Si la selección de Luiz Felipe Scolari hablara, se presentaría de esta manera. O de otra, pero con palabras similares. Si el equipo, que juega, hablara, podría decir esto. Este seleccionado que se construye para disputar la segunda Copa del Mundo en Brasil está lejos de ser una formación para el mito. Pero ayer, en el Maracaná, sacó de circulación al campeón del mundo. En la mitad de la cancha, sobre todo, lo cortó a pura falta: realizó 26 infracciones contra 15. La selección de Vicente del Bosque, entonces, fue desactivada. El porcentaje de posesión bajó. El corazón rojo entró en intermitencias y Brasil puso las cartas sobre la mesa. Uno de Fred. Otro de Neymar. El entretiempo. Otro de Fred. El síntoma de la desorientación de España: a los 14 minutos de la segunda parte ya había realizado los tres cambios. En el juego, sin embargo, no había ocurrido ninguna modificación. En el enésimo retroceso fallido de España, Piqué lo levantó de frente a Neymar. Fue roja. Fue el fin de la Roja. El susurro para decir como sabio, porque todos dicen que se acabó un ciclo.
Suena apresurado, más allá de la demostración de poder de Brasil. Sauena coherente, sin embargo, marcar que va a ser muy difícil impedir que los locales avancen hasta la final del Mundial 2014. Ayer ovacionaron a Neymar, que danzó y danzó a los españoles. Cantaron el himno en pleno partido. Gritaron una u otra vez ooole, ooole, ooole. Se recargaron para la fiesta. No fue un partido más. Para nada. La final de la Copa de las Confederaciones fue utilizada por esta selección como un símbolo. Una herramienta para comunicarle algo al mundo. Que España. Que Alemania. Que la Argentina de Lionel Messi, el mejor futbolista del mundo. Sí, lo entendieron. Brasil jugó y habló. ¿Podrá repetir una actuación así, lucirse, disfrutar, volar en la cancha? ¿Podrá volver a sacar de juego a España? Brasil ya dio el puntapié para el año que viene.
Tributos a Nelson Mandela
"Para Mandela" se leía grande en la parte superior de la camiseta autografiada de Brasil que antes de la final le entregaron a los representantes del gobierno africano, que se encontraban en el Maracaná. Los gestos de cariño y de esperanza se multiplicaron cuando Tokyo Sexwale, de la Fundación Nelson Mandela, recibió el saludo. España también se sumó a la iniciativa. "Un regalo de la Selección brasileña, le deseamos una pronta recuperación", rezaba el mensaje completo dirigido al líder en la lucha contra el apartheid, que se encuentra internado desde el 8 de junio pasado. Además, antes había aparecido un anuncio en la pantalla electrónica del estadio que decía: "Nelson Mandela, la comunidad futbolística global está con Usted". Con idéntico mensaje, se expresó el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, en su cuenta personal de Twitter.
Por su parte, la camiseta del último campeón del mundo resumía el utópico deseo general con un simple "que se mejore pronto". Mandela está internado grave, pero estable –según informó el actual presidente africano Jacob Zuma – , en un hospital de Pretoria.
Protesta sobre el césped
En plena ceremonia de clausura, dos hombres se salieron de la formación y mostraron pancartas contra la privatización del Maracaná y contra la homofobia
Si la selección de Luiz Felipe Scolari hablara, se presentaría de esta manera. O de otra, pero con palabras similares. Si el equipo, que juega, hablara, podría decir esto. Este seleccionado que se construye para disputar la segunda Copa del Mundo en Brasil está lejos de ser una formación para el mito. Pero ayer, en el Maracaná, sacó de circulación al campeón del mundo. En la mitad de la cancha, sobre todo, lo cortó a pura falta: realizó 26 infracciones contra 15. La selección de Vicente del Bosque, entonces, fue desactivada. El porcentaje de posesión bajó. El corazón rojo entró en intermitencias y Brasil puso las cartas sobre la mesa. Uno de Fred. Otro de Neymar. El entretiempo. Otro de Fred. El síntoma de la desorientación de España: a los 14 minutos de la segunda parte ya había realizado los tres cambios. En el juego, sin embargo, no había ocurrido ninguna modificación. En el enésimo retroceso fallido de España, Piqué lo levantó de frente a Neymar. Fue roja. Fue el fin de la Roja. El susurro para decir como sabio, porque todos dicen que se acabó un ciclo.
Suena apresurado, más allá de la demostración de poder de Brasil. Sauena coherente, sin embargo, marcar que va a ser muy difícil impedir que los locales avancen hasta la final del Mundial 2014. Ayer ovacionaron a Neymar, que danzó y danzó a los españoles. Cantaron el himno en pleno partido. Gritaron una u otra vez ooole, ooole, ooole. Se recargaron para la fiesta. No fue un partido más. Para nada. La final de la Copa de las Confederaciones fue utilizada por esta selección como un símbolo. Una herramienta para comunicarle algo al mundo. Que España. Que Alemania. Que la Argentina de Lionel Messi, el mejor futbolista del mundo. Sí, lo entendieron. Brasil jugó y habló. ¿Podrá repetir una actuación así, lucirse, disfrutar, volar en la cancha? ¿Podrá volver a sacar de juego a España? Brasil ya dio el puntapié para el año que viene.
Tributos a Nelson Mandela
"Para Mandela" se leía grande en la parte superior de la camiseta autografiada de Brasil que antes de la final le entregaron a los representantes del gobierno africano, que se encontraban en el Maracaná. Los gestos de cariño y de esperanza se multiplicaron cuando Tokyo Sexwale, de la Fundación Nelson Mandela, recibió el saludo. España también se sumó a la iniciativa. "Un regalo de la Selección brasileña, le deseamos una pronta recuperación", rezaba el mensaje completo dirigido al líder en la lucha contra el apartheid, que se encuentra internado desde el 8 de junio pasado. Además, antes había aparecido un anuncio en la pantalla electrónica del estadio que decía: "Nelson Mandela, la comunidad futbolística global está con Usted". Con idéntico mensaje, se expresó el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, en su cuenta personal de Twitter.
Por su parte, la camiseta del último campeón del mundo resumía el utópico deseo general con un simple "que se mejore pronto". Mandela está internado grave, pero estable –según informó el actual presidente africano Jacob Zuma – , en un hospital de Pretoria.
Protesta sobre el césped
En plena ceremonia de clausura, dos hombres se salieron de la formación y mostraron pancartas contra la privatización del Maracaná y contra la homofobia
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