River desinfla esa ilusión de mantenerse vivo en el torneo. Van 35 minutos del segundo tiempo y el empate en cero ante All Boys le obstruye la posibilidad de prolongar, aunque sea por unas fechas más, esa esperanza de colarse entre los protagonistas del Inicial 2013. Esa igualdad, en rigor, lo deja afuera de cualquier intención de conservar una mínima expectativa. El cero, en efecto, lo condena a transitar el camino del torneo sin otro horizonte que quedar algo más cerca del lote de arriba.
Y entonces, mientras el cuadro de Ramón Díaz juega mal y no se le cae una idea en la fría noche de Núñez, las tribunas del Monumental piden algo. “Hoy hay que ganar, hoy que ganar”, gritan y repiten los hinchas al tiempo que Osmar Ferreyra, el hombre que entró en el complemento y dejó sentado en el banco a Jonathan Fabbro, acomoda la pelota en el córner. El Malevo, allí, evidencia el motivo de su ingreso: su precisión milimétrica en la pelota parada. Su pegada, esa que encuentra la cabeza de Jonatan Maidana en el primer palo para que Carlos Carbonero se tope con la pelota en el área chica y sin más oposición que Nicolás Cambiasso. Pero el colombiano define mal: su toque da en el cuerpo del arquero del Albo, pero ese rebote vuelve a pegar en el botín del ex Arsenal para mover la red. River, en definitiva, se choca, literalmente, con el gol. Gana de carambola y desde una pelota quieta porque con la redonda en movimiento todo le costó demasiado.
Es que el triunfo del Millonario maquilla algunos de los problemas y las flaquezas que exhibió ante All Boys en un partido muy discreto. Porque Manuel Lanzini, el jugador más desequilibrante en este semestre, anoche casi no pudo deshacerse de un rival. Ezequiel Benavídez y Gonzalo Espinoza lograron contenerlo y sacarlo del juego. Pero no sólo eso: Teófilo Gutiérrez tampoco logró sobresalir e, inclusive, perdió en el mano a mano con un debutante: Nehuén Paz, el central del conjunto de Julio César Falcioni que disputó sus primeros minutos en su carrera.
Y encima cuando los muchachos del riojano pudieron quebrar la línea defensiva del equipo de Floresta apareció otra barrera: Cambiasso, ese arquero que suele agrandarse en el Monumental y que le tapó un mano a mano a Gutiérrez en el cierre del primer tiempo. Y que había atorado a Federico Andrada en el amanecer del partido para que el pibe definiera alto.
Pero el Millonario, incluso con sus errores y con sus desaciertos, asomó la cabeza del agua cuando parecía ahogar su última aspiración en el Inicial. Ganó jugando mal y sin que le sobre nada. Sumó tres puntos clave que le permiten escalar en la tabla de posiciones de un torneo en el que, salvo el líder Newell’s, nadie parece creerse candidato. Y River, en definitiva, también entra en ese grupo de indecisos. Entra y sale de la pelea. Como cuando goleó a Tigre por 3-0 con un buen segundo tiempo. Como cuando perdió protagonismo en el torneo con el empate 1-1 ante Arsenal. Como anoche que logró un resultado ante All Boys, pero que quedó en deuda en el juego. Aunque, claro, deja abierta la puerta del Inicial. “Si River le gana a Lanús y a Boca es candidato”, le dice un plateísta a otro antes de abandonar la platea del Monumental. Unos segundos después de que Carbonero, ese volante algo resistido en las tribunas, logra mantener en pie la esperanza local del equipo del Pelado Díaz.
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