lunes, 30 de septiembre de 2013

Marchesín y Barovero eran grandes figuras, pero el de Lanús cometió un error y lo aprovechó Mercado.



El 0 a 0 era un resultado engañoso para un partido como el de anoche, que tuvo intensidad, emoción y muchas situaciones de gol para cada equipo. Y para explicar por qué el marcador era mentiroso había que mirar a los únicos dos hombres que estuvieron vestidos de diferente color que sus compañeros. Si anoche no había gritos en el Sur era porque Agustín Marchesín, arquero de Lanús, y Marcelo Barovero, el uno de River, habían blindado sus arcos. Caprichos del fútbol, esa misma razón termina explicando el triunfo millonario: en el último centro al área local, Marchesín falló y dio un rebote inexplicable adentro del área chica. Gabriel Mercado se disfrazó de oportunista y aprovechó el error con un cabezazo goleador. En un minuto, se derrumbó todo lo que había construido el arquero granate en los 89 anteriores.

Claro que las defensas bajas que mostraron ambos equipos ayudaron a que los arqueros se luzcan. Marchesín, hasta ese error que le costó la derrota, se lució con los remates de media distancia, y con esa primera tapada a Teo Gutiérrez cuando el partido recién comenzaba. Barovero, en tanto, fue un mago en el arte de tapar cada mano a mano: atajó con los pies, con las manos, con el cuerpo pero sobre todo con la inteligencia: salió siempre a achicar y se anticipó a los delanteros locales. El uno de River conoce de memoria a Santiago Silva, que le anotó dos goles con la camiseta de Boca y unos cuantos más en los entrenamientos compartidos en Vélez, donde fueron campeones juntos. Ayer, le ganó el duelo. Marchesín, en tanto, también compartió algunas semanas en Lanús con Teo Gutiérrez y en el mano a mano con el colombiano le fue bien. 

Que se luzcan los arqueros es un reflejo del fútbol argentino, donde es fácil encontrar arqueros que brillen, pero no tanto jugadores que destellen: Sebastián Saja, Agustín Orión, Pablo Migliore, Fabián Monetti y los dos arqueros que fueron figura ayer son buenos ejemplos. Pero los arqueros siempre están al límite. Aun cuando pintan para héroes. Como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “lo llaman portero, guardameta, golero, cancerbero o guardavallas, pero bien podría ser llamado mártir, paganini, penitente o payaso de las bofetadas”. Y si no, que le pregunten a Agustín Marchesín.

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