La utópica –o por ahora lejana– perfección que pretenden alcanzar Los Pumas se termina cuando unas bestias de negro vuelan con la camiseta pegada al cuerpo. Vuelan desde que salen al Estadio Único de La Plata para entrar en calor cuando la cortina de lluvia finita, molesta, por un rato intensa, se detiene. Silencio. Llega el haka. Silencio. Quince tipos abrazados en una fila, intentan plantarse, bancarse la parada, frente a otros 15 locos que meten medio sólo cantando.
Las sensaciones después quedan de lado. Es la hora de la verdad: de saber si estos Pumas van a estar más cerca de su mejor rendimiento o si van a sufrir –a pasarla mal– frente a los All Blacks. Y lo que quedó claro tras ese primer tiempo –prolijo desde el line y brillante en scrum y en defensa, la gran marca histórica del seleccionado– es que estos Pumas están más cerca de lograr hacer un buen partido, de jugar de igual a igual, hasta contra los mejores del mundo que de volver a sufrir una paliza por setenta. Es cierto, falta todavía que logren mantener su nivel y que lo reflejen en el marcador porque ayer, en La Plata, a los All Blacks les alcanzó con jugar un tiempo (el segundo) –o menos de 15 minutos– en los que aceleraron y de ataque, contraataque, de primera fase, se divirtieron y desplegaron su mejor rugby para llevarse el partido y el bonus, por 33 a 15.
La premisa nacional era no jugar en el campo propio. Y lo lograron por 40 minutos: los Pumas arrancaron bien, presionaron a puro tackle (bien Albacete, Sánchez, Matera y Lobbe en ese rol), fueron prolijos y dominaron tanto en el line como en el scrum, que fue otra vez la mejor formación argentina como en Hamilton y sumaron con el pie (dos penales de Sánchez a los 8 y a los 15 en el inicio pusieron a la Argentina arriba). Lo más interesante de esa etapa fue la búsqueda de los backs por entrar en juego: probó Imhoff por el centro, tuvo otra Amorosino…es cierto no pudieron zambullirse en el ingoal y a ese primer tiempo le faltó el try. Justamente fueron ellos, los de negro, los que sin tener la pelota pudieron quedar arriba en el primer tiempo: Aaron Cruden metió dos penales y de una pelota recuperada, mal jugada, la captura Israel Dagg y Julian Savea corre todo por el ciego hasta el fondo del ingoal para terminar derechito apoyando el primer try.
Por primera vez en los últimos cuatro partidos frente a los All Blacks ellos marcaron el primer try. Desde ahí Los Pumas reviviven a fuerza del scrum. El estadio se enciende, son cinco, seis segundos de empuje continuado prolijito que termina forzando un penal de Nueva Zelanda. Y Sánchez la manda a cobrar: acierta y pone a Los Pumas abajo 9-11 para irse al descanso. Argentina había hecho 40 minutos para la ilusión. La misma que a los 4 del primer tiempo creció con una patada exquisita de Bosch –de las mejores del centro– desde la mitad de la cancha para ponerse arriba 12-11. Y la esperanza tan fue grande como duro el cachetazo que vino segundos después. Una infracción de Chipi Figallo frente a los palos se la dejó servidita a Cruden para poner el 12-14. Desde ahí, los All Blacks se encendieron: tomaron la pelota, mostraron su poder por 15-20 minutos y liquidaron el partido. Efectividad completa.
El primer golpe vino tras una buena defensa argentina pero los All Blacks la llevaron de un lado al otro y cuando la abrieron, San Cane, el remplazante de Richie McCaw, anotó el segundo try para el 12-19. La velocidad y la intensidad siguió y al instante, de un line Ma a Nonu (hace un pausa increíble) entra Ben Smith (tryman del torneo) por la espalda y anota un nuevo try. Fueron pequeños detalles en los que con ángulos perfectos, destrezas individuales y manejos de manual los de negro liquidaban las ilusiones argentinas.
Los Pumas, claro, acusaron el golpe. Desconcentrados, cambiando nombres y puestos por molestias, el partido perfecto que venían haciendo se les escapó en poco tiempo. Sánchez sumó otro penal. Pero el cierre era de los All Blacks que necesitan el bonus–había ganado Sudáfrica– para la pelea por el título y a los 39, otra vez Ben Smith anotó un try para el 33-15 final.
Sólo quedará ahora para Los Pumas cerrar el Rugby Championship en Rosario, con la ilusión de que poder tener ese partido perfecto ante los Wallabies el rival más flojito o más accesible para esta selección.
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