Ramón Ángel Díaz podrá ser un gran declarante y uno de los más hábiles a la hora de enfrentar el fierrito, pero no se destaca por tener un amplio vocabulario, como por ejemplo el de Marcelo Bielsa. El riojano tiene algunas muletillas que usa y repite en cada una de sus declaraciones para bajar sus ideas al público, y dos de ellas son que River tiene que ser intenso y que River tiene que ser protagonista. En lo que va del año, por algunos momentos lo logró, por otros, no, pero ayer se llevó los tres puntos de la cancha de Lanús justamente por su intensidad y su afán por ser protagonista, no sólo de este vibrante partido sino del Torneo Inicial, del cual se hubiera tenido que despedir si no ganaba anoche.
Así logró cortar una racha de ocho encuentros sin ganar fuera del Monumental por el torneo local, justo después de una seguidilla de partidos y viajes que le permitieron pasar de ronda en la Sudamericana y mantenerse, en vilo, expectante, en la lucha por el campeonato, esperando el tropezón de los equipos de punta. Y si bien la búsqueda del protagonismo en algún momento estuvo en duda ante San Lorenzo por la Copa, River nunca bajó su ritmo en el último mes, y así como ayer se quedó con la victoria sobre el final, también se había quedado con los tres puntos ante All Boys cerca del final y le había empatado a Liga de Loja en Ecuador antes del pitazo final, aunque el juez de línea cobró un off side inexistente.
Ya estaba acostumbrado a luchar hasta el final, a pesar de que muchas veces le cuesta jugar bien las segundas partes, pero pocas veces se había visto obligado a mantener el pulso como anoche. Es así como River apostó por la intensidad, Lanús jugó sus fichas al mismo color y armaron un partido lleno de situaciones de gol en las dos áreas, con los arqueros como protagonistas, y con un final picante, con patadas, acusaciones y vivezas.
Parecía un partido ideal para Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, acostumbrados a ganar este tipo de partidos tanto con su fútbol como por lo otro que aportaban, capaces de sacar de sus cabales a jugadores tranquilos como Enzo Francescoli, y no tan tranquilos, como Hernán Díaz. Pero el que entró al verde césped fue Teófilo Gutiérrez, quien, cuando el partido se puso más caliente, estuvo en el centro de la escena como acostumbraba estar cuando usaba la camiseta de Racing. Si todavía no pudo demostrar su capacidad goleadora con la banda y por ahora se limita a dos gritos y mucho juego de equipo, ayer apareció el otro Teo, capaz de sacar de quicio a todo un equipo rival, al que le quedaban segundos para recuperar un punto que le acababan de sacar de las manos con el inesperado gol de Gabriel Mercado.
Dentro de un mes se volverán a ver las caras estos dos equipos, por los cuartos de final de la Sudamericana y con un boleto a la Copa Libertadores en juego, y difícilmente estas broncas queden de lado. Si repiten la intensidad con la que jugaron ayer, les esperan 180 minutos con los espectadores al borde del asiento, como estuvieron anoche, hasta la última jugada.
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