Independiente saltó al verde césped del estadio Libertadores de América con el peso de la necesidad. Ganar de local no podía postergarse quince días otra vez. Si la intención es abandonar la B Nacional en julio próximo, el equipo de Omar De Felippe debe dejar de ceder puntos en Avellaneda, tal como lo hizo hoy, en lo que se avecinaba como una tarde negra.
El siempre difícil Sarmiento de Junín de Sergio Lippi jugó con la intención de hacerse sentir desde el primer minuto, con no menos de tres hombres parados en campo adversario con y sin la pelota, complicando las aspiraciones del local, forzando el error de lo que, se sabe, es una defensa endeble.
A tal punto que cuando todavía no se acomodaban al terreno los juninenses ya ganaban. Garnier se impuso a la ineficiente marca de Franco Razzotti para poner de cabeza el 1-0, situación que se repitió un cuarto de hora después, aunque con distinto final.
El mediocampista central y Lucas Villalba, por la banda izquierda, permitían la ilusión visitante de conseguir el triunfo –tal vez- más importante de su historia, ante un rival de fuste, en condición de visitante. De hecho una pifia en la salida del marcador lateral terminó con un remate de Matías Díaz rebotando en el palo izquierdo de Rodríguez.
Pese a esto, el local no se incomodó. Ir abajo en el marcador desde un momento tan tempranero pareció no afectarlo. Independiente se mantuvo sereno en pos de la igualdad. ¿Cómo? Adelantando líneas, tocando en corto hasta encontrar los espacios. Así Montenegro habilitó a Zapata, que probó de media distancia directo al travesaño.
Tanto fue el Rojo que terminó por encontrar el empate antes del cierre del primer capítulo: Montenegro le cedió el tiro libre a Pisano, el ex Chacarita lanzó el centro a la cabeza de Parra, que solo a la altura del punto del penal puso el 1 a 1.
Con el gol, el anfitrión levantó su rendimiento mostrándose más intenso, sacando a relucir su ímpetu. Incluso antes del pitazo final del primer tiempo Razzotti explotó nuevamente el travesaño de Ischuk.
El descanso llegó en el momento menos oportuno para el dueño de casa; aunque en la reanudación se mostró con la misma intensidad. La meta estaba fijada en sumar de a tres, no se iba a ceder en el camino; así lo marcaba la mentalidad, que ahora sí colabora con el deseo, siendo probablemente ese el principal mérito del “nuevo” técnico.
El 2-1 no se hizo esperar. El tanto de la victoria se hizo presente como consecuencia de la mejor acción colectiva en meses. Fueron 35 segundos de control de pelota, desde la salida de Ruso Rodríguez para Villalba, que jugó con Razzotti. El ex Vélez hizo caso a Montenegro, se la dio, y el 10 abrió la cancha con Vallés, que se la devolvió a Razzotti, éste nuevamente para el Rolfi, que jugó para atrás con Cáceres. El central la hizo extensiva para su compañero de zaga, Morel. Nuevamente Vallés, que profundizó con Zapata, él armó una pared con Pisano, y en la devolución le pegó al arco, obligando la respuesta de Ischuk. Su rechazo, defectuoso, permitió que Facundo Parra anotara el segundo de su cuenta personal.
El nuevo resultado en la chapa fue otra prueba de fuego para Independiente. Debió probar su carácter. Atacar o defenderse era la cuestión. Quedaba demasiado tiempo por delante ante un rival difícil, y el mensaje desde el banco de suplentes fue claro: seguir igual, defendiéndose con la pelota en su poder. Los cambios, incluso, se mostraron en esa sintonía: Sebastián Penco por Parra, Martín Benítez en lugar de Pisano, y recién sobre la hora Montenegro dejó el terreno para darle espacio al juvenil Marcelo Vidal, enganche por mediocampista central.
Con la intención de ser protagonista, Independiente se impuso ante un rival difícil, dando cuenta que peleará hasta el final para volver a donde merece estar. Hoy, la parte roja de Avellaneda puede permitirse sonreír.
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