viernes, 27 de septiembre de 2013

El Millonario debía dar vuelta el resultado porque había perdido el partido de ida. Y cumplió. Ganó 2-0 con goles de Teo y Lanzini. Aunque no jugó del todo bien, mejoró un poco y logró pasar a los cuartos de final.



Por primera vez en esta Copa Sudamericana, River salió a buscar el partido. Se lo obligaban el resultado –la derrota en la ida, en Ecuador–, el marco –un Monumental muy lleno para un miércoles a las 19:30– y el rival –muchos jugadores visitantes mostraron sus deficiencias técnicas en varias oportunidades–. Y tuvo su premio: ganó, avanzó a los cuartos de final de la Copa y se fue bañado en aplausos por un público feliz. 

Pero el apretado triunfo dejó gusto raro en el simpatizante millonario. Si lo de ayer fue quemar las naves, como prometió Ramón Díaz en la previa a este partido, el futuro no es de lo más prometedor. Quizá por eso fue que a los quince minutos del segundo tiempo, cuando el Millonario ya ganaba y sellaba su clasificación, el Monumental habló: “Movete, River, movete”. Tal vez sea por aquello del paladar que caracteriza al hincha de este club, que ya parece cosa vieja, pero cada tanto resurge. 

Ramón, hombre e ídolo de la casa, parece ya no atender a esa cuestión. Anoche, en el entretiempo cambió el doble cinco: adentro Ponzio-Kraneviterr, afuera Ledesma-Rojas. El Lobo y el ex Godoy Cruz habían tenido un buen primer tiempo, moviendo la pelota con paciencia. Rojas, incluso, había logrado lo que los técnicos modernos definen como lo más complicado del fútbol: romper líneas con sus pases. Ese fue el doble pívot que puso Ramón en Sarandí, ante Arsenal, en lo que se recuerda como el único buen partido de River en lo que va de este semestre. El capitán y el pibe del Sub 20, en cambio, le dan al equipo dinámica y pegada, pero le quitan posesión. Fueron ellos dos los que jugaron ante San Lorenzo, en este mismo estadio, cuando el Millo jugó los 90 minutos a aguantar el resultado y a hacer figura a Barovero.

El equipo de Ramón Díaz ya jugó doce partidos en esta temporada. Y sólo se le recuerda un buen primer tiempo ante Arsenal. Las demás actuaciones fueron regulares, discretas o, directamente, malas. Anoche, está claro, River fue mejor que los ecuatorianos.

Pero es difícil afirmar eso como una virtud: Liga de Loja –que en una actitud extrañísima realizó un calentamiento previo en el entretiempo con sus once jugadores dentro del campo de juego– mostró muchas falencias técnicas en varios de sus jugadores. Lo que sí es un mérito es la solidez defensiva que construyó este equipo, que lleva siete partidos con la valla invicta en esta temporada.

River, en cambio, se hizo grande a partir de sus individualides: Álvarez Balanta, Lanzini y Teo Gutiérrez, que ayer sólo contribuyó con el gol. Con eso le alcanzó para meterse en los cuartos de final de la Copa, algo que no lograba hace cinco años, desde 2008, cuando con Diego Simeone en el banco de suplentes quedó eliminado con Chivas de Guadalajara. Ahora, deberá tener un duro escollo como Lanús. Esa será una buena prueba para este equipo que por ahora no enamora. El hincha, que igual anoche se fue feliz, confía en que las naves se hayan quemado sólo en la lengua picante del riojano. Que todavía este equipo puede dar más. Es lógico: cuando vuelva a este estadio será para jugar ante Boca.

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