sábado, 18 de mayo de 2013

Arsenal 1 Racing 0: Muy poco quedará para recordar de lo que mostraron Arsenal y Racing en Sarandí. Ganó el local porque supo aprovechar una de las pocas oportunidades que tuvo. La Academia no puede ganar dos partidos seguidos.

Van 37 minutos del primer tiempo. El frío congela los huesos en Sarandí. Claudio Corvalán va a sacar un lateral. En la cancha no pasa nada. Así que el jugador de Racing va a poner la pelota en juego sin mayores expectativas. Pero Corvalán saca mal. Pablo Díaz, el árbitro, se lo cobra. La desazón que devuelve la imagen resume al partido. Arsenal se lo llevó porque aprovechó una pelota y porque Racing nunca supo reaccionar. 

El primer tiempo tuvo su mejor noticia en el final: cuando los jugadores se fueron al entretiempo. Los cuarenta y cinco minutos previos fueron hechos para dormirse. Para sufrir un poco más el frío de la noche. No hubo situaciones de gol, ni emociones, ni siquiera intentos. Arsenal salió a hacer el trabajo que hace en cada partido. Esperar al rival y tratar de meter el contragolpe. Pero se topó con un problema: Racing no atacaba. No le proponía nada. Y no se trataba de una decisión de juego sino de la realidad de sus limitaciones. 

Con tres cincos en la cancha, a Racing le faltó profundidad en el ataque. Y en eso se le apareció el fantasma de Luciano Vietto, que no pudo jugar, operado por una hernia. ¿En qué momento? Cuando Javier Cámpora se fue solo con la pelota y pudo quedar mano a mano para el gol. Los hinchas imaginaron qué hubiera pasado si ahí estaba el chico que ultimamente se encarga de darles las alegrías. Pero no estaba y Racing lo sintió.

El segundo tiempo fue un calco. Sin situaciones de gol, con el mismo frío, con ambos equipos chocando en la mitad de la cancha. ¿Por qué se lo llevó Arsenal, entonces? Porque llegó un tiro libre desde la derecha, la defensa de la Academia falló en la marca, y Nicolás Aguirre conectó la pelota para el gol. Unos segundos antes el técnico Luis Zubeldía desesperaba haciéndoles gestos a sus dirigidos. La seña era clara: hacía el 7 con los dedos para que tomen la marca de Carlos Carbonero. No llegó por ahí el gol, pero cuando Aguirre lo marcó el entrenador estalló de furia. Comenzó a insultar y a hacer gestos (estuvo muy quejoso también de los árbitros), lo que mostraba la impotencia no sólo de Zubeldía, también de Racing, que sabía que la desventaja sería difícil de remontar.

Porque ahí mismo se supo que el partido estaba terminado. Racing, que depende mucho de sus pibes, se encontró con bajos rendimientos de Rodrigo De Paul y Luis Fariña, lo que se agregó a la ausencia de Vietto. Incluso, tal vez su mejor jugador haya sido Corvalán, el mismo del lateral mal sacado, que arrastra un torneo muy bajo.

Arsenal fue oportunista. Golpeó cuando tuvo la chance y ahí se quedó. Pudo ampliar la diferencia, incluso, pero Sebastián Saja (ovacionado por sus hinchas) le tapó una pelota a Carbonero. Racing empujó, intentó que el viento sople hacia el arco de Campestrini, pero no le alcanzó. Hacía falta más que eso, hacía falta juego y no lo tenía.

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