Quedan 5 fechas. El torneo puede ser para cualquiera. La tómbola es tan grande que Newell’s podría lograr lo que ninguno: conseguir ganar la Libertadores y el torneo local en el mismo semestre. O que River, sin haber ganado cuatro partidos seguidos, acaricie la cima, a un año de haber vuelto a Primera. O que Lanús, el equipo que empató más partidos en el torneo –7, o sea el 50%–, se quede con el Final. Cuando el fin de semana pasado Newell’s empató contra Quilmes, todos pensaron que era la gran chance de River y de Lanús. Cuando River empató contra Unión, todos pensaron que era la enorme chance de Lanús. Pero, en la lógica del dominó, el empate de Lanús se volvió la rueda mágica: de nuevo la chance de River y de Newell’s.
Newell’s tiene a favor los puntos y el fixture. Tiene en contra el cansancio. Lanús, la regularidad de no haber perdido desde que arrancó: si todavía se otorgaran dos puntos a ganador y no tres como actrualmente, estaría primero, pero ese es sólo un dato que se alimenta de la estadística. River suma a su favor el peso de los colores y el del desequilibrio individual.
Los une la presión, la desesperación, un ritmo difícil de aguantar. El final los juntará con equipos desesperados por no descender. La fecha 18, unirá a Millos y Granas, que tendrán que sacarse los ojos en el Sur. Los Leprosos entrarán en el embudo de la Copa y de los sueños vinculados con eso, aunque tendrán rivales –aparentemente- más sencillos. En el medio, el mundo seguirá loco, loco, loco. Ramón dijo “a todo o nada”. Lo mismo se piensa en los otros dos lugares. De acá en adelante, puede pasar cualquier cosa.
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