viernes, 24 de mayo de 2013

Copa Libertadores: El 0-0 tiene miradas distintas. Para Boca, la seguridad de haber mantenido el arco sin goles, y para Newell’s el empate para definir la serie el miércoles en el Parque.

El negocio a medias y esa mirada positiva según el lado del mundo desde donde vean los ojos. Boca se quedó sin el triunfo, merecido y buscado, pero conservó ese cero que vale un comodín para la revancha en Rosario. Newell’s se llevó un punto que se valora, pero también esa inseguridad que provoca la falta de un gol de visitante para esa luz de ventaja que tanto pesa en el global. La historia, en esta noche de Copa en La Boca, apenas escribió el prólogo de esta novela.

Lo inestable de este Boca alcanzó para ofrecer un primer tiempo en el que cada vez que despertó de sus letargos llegó a lastimar a Newell’s. Sin concreción en la red, pero con aventuras que llevaron riesgo hasta el arco de Nahuel Guzmán y que bien pudieron terminar en la ventaja parcial para el equipo que dirige Carlos Bianchi. Porque Juan Román Riquelme se iluminó, de vez en vez, para mover los hilos de sus compañeros y para tirar pases desde esas pelotas detenidas punzantes para la cabeza de todo aquel que pase por el área con ansias de gol. Porque Walter Erviti, con el despliegue habitual y con ese aporte para alimentar la inventiva en la zona de creación, también se cargó la bandera de escolta para tratar de quebrar el cero de los de Gerardo Martino.
 Y porque esa dupla de volantes contenedores en el mediocampo rompió y cortó el juego rápidamente para abastecer a los creativos: el partido de Leandro Somoza y de Cristian Erbes fue clave para esa presión y la asfixia que propuso Boca mientras pudo, mientras las piernas le dieron señales.

En un fútbol donde, dicen, no quedan espacios para jugar, Boca los encontró con la inteligencia de sus movimientos y con Juan Manuel Martínez estacionado sobre la derecha. Siempre al hueco, a esa libertad para la subida –a veces alocada- de Clemente Rodríguez y para la voluntad que por derecha le pone el chico Leandro Marín. Esa fue la fórmula, y ese el desnivel que Newell’s sufrió hasta ese comienzo en el segundo tiempo. Porque hasta esa segunda mitad, rara vez el conjunto del Tata pudo hacer algo con la pelota en los pies. Tieso y sin ideas, nada tenía que ver con ese equipo que lidera el Torneo Final a cinco fechas del final. Sólo se quedaba en buenas intenciones y en pocas soluciones, sobre todo porque todo ese talento de Ignacio Scocco estaba neutralizado por esa buena tarea que habían realizado los dos marcadores centrales de Boca.

Sin embargo, y como es costumbre todos los fines de semana del fútbol argentino, Scocco apareció una vez y con la misma agresividad del delantero goleador que juega en el fútbol argentino. Le dio de volea, de primera, y Agustín Orion se estiró para evitar el 1 a 0. Un aviso, para un Boca que en esta parte final se diluyó sin la capacidad –naturalmente- de sostener esa presión que también mostró en el partido de ida frente a Corinthians, por los octavos de final. 

Sin tanta posesión ni control del partido, Boca se las ingenió para intentar sacar esa diferencia que supone cierta estabilidad para ir a Rosario el miércoles a las 19.30. Insistió, aunque con imprecisiones, para llegar a ese grito contenido de una Bombonera que empezó a latir y a sentir. Y quedó en cero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario