miércoles, 29 de mayo de 2013

Gimnasia La Plata volvió a la máxima categoría del fútbol argentino. Ayer le ganó a Instituto, en Córdoba, y aprovechó el empate de Defensa y Justicia con Sarmiento para lograr el segundo ascenso de la B Nacional.

Vuelve el Lobo. A ese lugar que le pertenece por una historia que no es recordada por títulos luminosos ni grandes glorias. Que tiene que ver con el pueblo y con esas pequeñas grandes historias de una ciudad y de un bosque de La Plata donde el color azul y blanco le pone pasión al sentido de pertenencia y de identidad. 

Vuelve el Lobo. Porque la historia escrita aquel 27 de junio de 2011 había quedado abierta y para un nuevo capítulo –tal vez el final– para que el villano de una buena vez sea el héroe de un cuento. Oliver Benítez, el marcador central nacido y criado en el club, que había anotado el fatídico gol en contra en la Promoción frente a San Martín de San Juan –y que, finalmente, sentenció la serie de dos partidos para que Gimnasia bajara a la B Nacional– ahora le dio el ansiado ascenso a la Primera con un gol en el arco ajeno, el de Instituto de Córdoba, con un segundo grito que desató la locura colectiva de miles de almas que saltan en el estadio Mario Alberto Kempes.

“Lo siento más que a cualquier otro club y siempre me abrieron las puertas como jugador y entrenador. Gimnasia es de Primera y vuelve a ese lugar del que nunca se debe ir. Ahora sí, La Plata está en orden.” Gimnasia es de Primera. Porque Pedro Troglio llegó otra vez para sentarse en el banco de los suplentes y ver de qué manera engordaba un flaco promedio que amenazaba con B Metropolitana hace apenas un año y medio. Elaboró, con tiempo y con un estilo no tan estético pero con amor propio, un equipo que se apoyó en las manos de Fernando Monetti, en el talento de Franco Niell y en los goles de Facundo Pereyra para alcanzar esa meta de llegar a ser uno de los tres equipos que saquen el pasaje de regreso al fútbol de los domingos. En eso, y en los 66 puntos que redondearon una campaña acorde a esas expectativas generadas. “Se lo dedicamos a toda esa gente que no mereció irse a la B, para todos ellos. Se disfruta el doble siendo hincha, los que somos de acá sentimos eso. Por todo lo malo que pasó, esto es una caricia a la gente”, dice el arquero, una de las figuras de este plantel.

Ese empate que Defensa y Justicia consiguió en Junín frente a Sarmiento luego de estar 0-2 le abrió las puertas de la Primera de par en par a un Gimnasia que, dos horas más tarde, saltó al campo de juego en Córdoba con la tranquilidad de dar, apenas, un último paso. Un punto, no más. Y sin embargo, a los 38 minutos del primer tiempo Pereyra aseguraba esa celebración con la apertura del marcador. El goleador, estiraba su efectividad en la red a 14 gritos claves para que el equipo mostrara ese potencial ofensivo. Desde ese momento, las ansiedades y las angustias se neutralizaron para empezar a fantasear en ese pitazo final. 

De esa noche de llantos y voces perdidas en La Plata frente a San Martín de San Juan apenas quedan tres hombres: Monetti, Matías García y Benítez. Justamente, este defensor que había quedado marcado por ese gol en contra en una pifia con la zurda y que ayer volvió a jugar de titular porque Juan Carlos Blengio había acumulado cinco amarillas. Le tocó, y la tarde y la vida le tenían preparado el final de un cuento para cerrar una historia. 

Volvió el Lobo. El del viejo Timoteo y esos sueños en un campo posible, el de los Mellizos y el del Loco Gatti y también el de Niell. Otra vez, a la Primera. Por eso, las calles y el Bosque se visten con los colores y con la fiesta de esas pequeñas grandes historias de pertenencia.

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