Se corta la luz y los hinchas de Racing alzan las voces y sueltan ironías por ese descenso de Independiente. Esta vez, el apagón no parece ser intencional como el del partido ante Unión –que motivó la celebración por la adiós del Rojo– pero deja a oscuras a un equipo que, hasta los dos minutos del segundo tiempo intenta reconstruir una imagen pálida y confusa, que en 24 días enfrenta al mismo rival con tres entrenadores distintos. Ese, tal vez, sea el mejor argumento para entender las razones de una ilusión rota que lleva a sus hinchas a conocer al equipo en este Torneo Inicial recién en la sexta fecha. Porque, hasta anoche, la suspensión del estadio por aquella picardía les había impedido ser testigos del rendimiento de sus jugadores. Eso es Racing, en estos tiempos.
En el comienzo del ciclo Carlos Ischia el cambio más notable –al menos desde el discurso– se da en la propuesta de tener la posesión de la pelota como arma de ataque. A diferencia de la apuesta Luis Zubeldía, esta formación que el nuevo entrenador pone en el Cilindro ante Lanús tiene ráfagas y migajas que hacen pensar en que los futbolistas adoptan el flamante instructivo. A Rodrigo De Paul, a Luciano Vietto y a todos esos que sienten en fútbol con el balón al pie los favorece esta iniciativa. Entonces, se nota un cambio. Entonces, Racing va, con alguna idea y anda cerca del gol en ese primer tiempo. ¿El cambio es tan visible? No desde lo táctico, sí desde el concepto y de lo emocional. Porque en cuanto al esquema y los movimientos, la aparición de Matías Cahais en el lateral izquierdo asoma como uno de los retoques que pretende el calvo entrenador. Además de la utilización de un enlace como De Paul.
Dos goles en cinco partidos en el campeonato –Bruno Zuculini en el 1-1 ante Colón y De Paul en la derrota 3-1 con Tigre– son la respuesta a la falta de efectividad de los atacantes de Racing. Llegan, empujan, van, pero lo que se genera no se concreta y, de algún modo, la teoría se pone en duda si no hay resultado. Al margen de las diferencias respecto de los otros dos partidos disputados contra el mismo rival, pero por la Copa Sudamericana. Fue 1-2, el 14 de agosto y con Zubeldía como técnico. Fue 0-2 el 28 del mismo mes con Fabio Radaelli. Y en ambos partidos la superioridad de Lanús no se puso en discusión.
Esta vez, y a la vuelta del corte de luz, Racing hace la diferencia con Vietto. El chico del talento grande encara por el centro y, al margen del rebote que lo favorece y de quién termina tocando el balón a la red, anota su primer gol en el Inicial. Que Vietto es una pieza inamovible en la cabeza de Ischia no es una novedad. Que en ese estilo que intenta imponer el flamante técnico tal vez el chiquilín tenga un protagonismo mayor es una certeza. Porque cuando la idea se sostenga y sea tener el balón y hacerlo circular Vietto es capaz de hacer el resto: lleva 14 goles en 44 partidos con la camiseta de Racing.
Construir una imagen desde este 1-1, desde esas cenizas y lamentos de una dirigencia dividida y de una ruleta de entrenadores. Ahora con Ischia, aunque sin triunfo posible.
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