Lionel Messi atraviesa la puerta del vestuario del complejo de la AFA con una valija en cada mano, flanqueado por dos acompañantes. Acaba de terminar los ejercicios regenerativos en el gimnasio y camina rumbo al estacionamiento sin detenerse a hablar con la prensa que escudriña sus pasos detrás de un vallado. Como unas horas antes cuando, a las 7:48, su avión aterrizó en el aeropuerto de Ezeiza, proveniente de Barcelona y se fue derecho para la práctica de la Argentina.
En el aeropuerto y en el lugar de entrenamiento, el rosarino comunicó sin hablar en la semana previa al partido en Asunción ante Paraguay. Charló durante más de media hora, apoyado en la cola de su Audi último modelo junto a cinco personas entre las que estaban su hermano Matías y Leonel Del Castillo, el padre de Sergio Agüero. Y cuidó sus movimientos: se resguardó justo detrás del baúl, con la puerta abierta, del auto como para que nadie, salvo sus laderos de turno, estrictamente escogidos, siguieran sus gestos.
De tanto en tanto asomó el cabello y los ojos por arriba del techo. Y volvió a esconderse hasta que el Kun se subió a su camioneta Kia y hasta que el hombre de seguridad le avisó que el operativo para que abandonara Ezeiza sin cruzar ninguna palabra con los medios que allí aguardaban, estaba armado. “Parece un rockstar”, dijo uno de las camarógrafas mientras intentaba, sin demasiado éxito, capturar una imagen del crack del Barcelona.
Así logró su objetivo de esquivar las preguntas de ocasión y dejó que las dudas se esparcieran entre las copas de los árboles del establecimiento ubicado al costado de la autopista Richieri. Dominó el misterio sobre su presencia en la 16ª fecha de las Eliminatorias en las lleva dos partidos ingresando desde el banco -0 a 0 ante Colombia y 1-1 ante Ecuador- . Y lo incrementó al trabajar en el gimnasio del predio, mientras buena parte de los convocados –ya llegaron 14 de los 23– se entrenó con la pelota en las canchas, bajo las órdenes de Alejandro Sabella.
“Lo vimos. Lo saludamos”, comentó, encandilado, Pablo Zabaleta sobre Messi. Como si fuera un hincha más pidiendo por su ídolo.
¿Volverá a ser titular en la Albiceleste en el camino a Brasil 2014? ¿Estará La Pulga desde el arranque en el Defensores del Chaco? ¿Arriesgará su físico, ese que le impidió jugar en la 2ª fecha de la liga de España frente el Málaga con su Barcelona y que lo mantiene en alerta, en el partido en el que la Selección Argentina puede confirmar su plaza en la Copa del Mundo? ¿Regresará en el Defensores del Chaco, de Asunción, el lugar en el que, el 3 de septiembre de 2005, jugó sus primeros minutos en las Eliminatorias en la derrota por 1-0 ante Paraguay cuando remplazó a César Delgado? Esos fueron algunos de los interrogantes que Messi, con sus gestos, con sus movimientos y con su silencio, se llevó al despedirse de la primera práctica de la Argentina en una semana clave para definir el rumbo del cuadro comandado por Sabella.
Lo espera el Defensores del Chaco de Asunción, La cancha en la que, si el físico se lo permite, hablará con la pelota bien pegada a la zurda. Con esa potencia que Zabaleta, sonriente, describió: “Messi al 50% puede hacer cualquier cosa”.
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