Dicen que no hay peor cuña que la del mismo palo. Newell´s, anoche, en Liniers, sufrió con parte de su estilo: Vélez lo incomodó con la pelota dominada, con la elaboración con tantos toques como paciencia para avanzar en el campo y con presión constante para recuperar el balón. Lucas Pratto y Ezequiel Rescaldani fueron una estampilla sobre Víctor López y Gabriel Heinze, los habituales encargados de arrancar cada posesión larga de la Lepra. Así, lo forzó a dividir la pelota. A que el equipo rosarino nunca sienta el partido como acostumbra.
Newell´s tuvo el dominio en los primeros 20 minutos del encuentro, pero Víctor Figueroa no definió con precisión la mejor jugada visitante. Pratto, a puro control y potencia, empezó a complicar cada vez que podía encarar a la defensa rojinegra con la cancha de frente, algo que ocurrió varias veces a lo largo del partido. Ni que hablar cuando el arco le quedó de frente, a 12 pasos de donde él estaba parado. Después de que Fernando Rapallini cobrara un dudoso penal por mano de Milton Casco, el ex Boca le rompió el arco a Nahuel Guzmán. El segundo tanto llegó cuando promediaba el segundo tiempo, en otra arremetida de Pratto: arrancó en tres cuartos de cancha con pelota dominada, encaró, se sacó de encima a dos defensores y dejó mano a mano al pibe Ramiro Cáseres, que definió bien. El tercero fue la misma combinación, aunque con complicidad del arquero Guzmán. “Olé, olé, Pratto, Pratto”, cantó el Amalfitani.
El delantero es una porción gigante de este Vélez de Gareca, que como nunca en todo este tiempo que lleva el Tigre en el club se apoya en los pibes de las Inferiores. Lucas Romero, hacha y tiza, cada vez está más firme en el fondo fortinero, incluso si no juega Sebastián Domínguez como anoche. Ezequiel y Agustín Allione, otros dos pibes, aportan el desequilibrio que en otra época le imprimían Juan Manuel Martínez o Maxi Moralez. Así, con paciencia, el local fue desarmando a Newell´s, que por momentos enloqueció y así fue como quedó con diez por la expulsión de Pablo Pérez.
El semestre pasado, estos dos equipos se encontraron en situaciones definitorias. En los octavos de final de la Copa Libertadores, la pulseada la terminó ganando el que todavía era el equipo del Tata Martino. Luego, en la Súper Final, en Mendoza, Vélez –que tenía más cosas en juego– le ganó con autoridad a la Lepra. Ayer, otra vez, mostró saber cómo anular el habitual buen juego del que sigue siendo líder del torneo, al menos hasta que jueguen los escoltas. Por eso, y porque el de anoche fue el primer trinfuo del Fortín como local, la gente le cantaba a los jugadores visitantes: “Saludá al campeón.”
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