sábado, 7 de septiembre de 2013

Ramón Díaz sorprendió con su decisión de vanagloriarse por el planteo realizado por su equipo y en ningún momento realizó una autocrítica seria sobre todas las falencias que exhibió. Muy lejos de las declaraciones de otra época.



Ramón Ángel Díaz es, en el imaginario colectivo del hincha de River, sinónimo del buen juego, de los grandes futbolistas y del ganar, gustar y golear. Un ídolo que siempre transitó por la vereda que tanto elogian los exigentes plateístas riverplatense. Pero consumado el empate ante San Lorenzo que clasificó al equipo a los octavos de final de la Sudamericana, el entrenador se cambió la ropa –él mismo reconoció que “se puso el overol”– y defendió, casi con orgullo, que River hubiera jugado a no perder para conseguir un resultado positivo. “¿Vieron algunos partidos de Mourinho? Él juega para conseguir un resultado, y yo hice lo mismo. Los jugadores tuvieron entrega y determinación para cumplir lo que habíamos planeado. En estos torneos hay que jugar al error del adversario, a sacar una ventaja y defenderla, teníamos que pasar y lo hicimos”, argumentó ayer en diálogo con Fox Sports y Rock & Pop.

Ya había tomado una posición similar después del 1-0 en el Nuevo Gasómetro, cuando River venció a San Lorenzo con un gol de pelota detenida y apostando a que el rival no le generara situaciones de peligro como principal objetivo. “Así se juega la Copa”, dijo aquella vez, lo repitió el jueves por la noche y por si no quedaba claro, ayer lo dijo tanto al mediodía como a la tarde, tratando de que se asocie el resultado positivo a la forma en la que River afrontó la serie, sin tener en cuenta que San Lorenzo siempre estuvo más cerca de convertir, transformó a Marcelo Barovero en la gran figura (“la próxima no lo pongo si quieren”, dijo enojado el entrenador) y hasta el palo jugó su papel. Y encima cayó en la trampa de citar a Mourinho y su histórico planteo contra el Barcelona en 2010, cuando el equipo de Messi le ganó por 1-0 al Inter y no se clasificó a la final de la Champions porque el árbitro inventó una mano. Ni hablar de que el último técnico de River que se animó a mencionar al entrenador portugués para justificar planteos mezquinos había sido Juan José López, poco tiempo antes del histórico y doloroso descenso.

Pero aun así, sus dirigidos adoptaron el nuevo discurso como propio, lo reprodujeron, también con orgullo, y por lo bajo lo defendieron al sentirse presionados por conseguir el resultado después del mal arranque de la temporada, hasta con miedo de quedarse sin nada, y también por las durísimas críticas de la prensa, de los hinchas e incluso del propio Ramón Díaz (“Tenemos que mejorar de mitad de cancha para adelante” e “Hicimos un partido acorde a lo que tenemos”, fueron algunas de las pasadas de factura del entrenador). Sin pensarlo demasiado, compraron la idea de sobrevivir a esta semana sin importar las formas, y pasaron el primer obstáculo, que los clasificó a los octavos de final de la Sudamericana. ¿Qué dirán los mismos futbolistas si jugando así la próxima vez no ganan?
¿Qué ocurrirá si la pelota en lugar de pegar en el palo y salir, al final entra?

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