jueves, 5 de septiembre de 2013

Sin Fabbro y Teo, Ramón Diaz se decidió por un 4-4-2 con dos volantes de contención. Un esquema para aguantar el triunfo del partido de ida.



Cuatro defensores (tres de ellos centrales), dos volantes de contención y un volante por izquierda es la consecuencia de los malos resultados en el torneo local, del gol a favor que mantiene River contra San Lorenzo, de la ausencia de Jonathan Fabbro y de Teófilo Gutiérrez (abocados a su selecciones) y de la urgencia desmedida por quedarse, como sea, en la Copa Sudamericana y no perder en primera ronda. River tiene, aunque no parezca, las de ganar. En el partido de ida, de visitante, en una cancha de las más difíciles del fútbol argentino como lo es la de San Lorenzo, ganó 1-0. En el partido de vuelta, no tiene a dos de sus jugadores más importantes, pero juega en su estadio, en la que en este torneo perdió apenas un partido y, en el campeonato pasado, ninguno.

Aún así, se viven pequeños días de tormentos en River, producto del resultadismo y del mal desempeño del equipo. Quedó muy lejos de Newell’s, el puntero del campeonato, del que está a 7 puntos. Perdió los últimos dos encuentros, contra Colón y frente al Ciclón. Llegó a la quinta fecha con tres derrotas, un sólo triunfo y un empate. Y viene, sobre todo, de ser aplastado por San Lorenzo en el campeonato local. Algo que cambió la impronta: River va a defenderse y a intentar quedarse en la Sudamericana apostando a la audacia defensiva. Por eso, pondrá un esquema de 4-4-2, ya sin enganche, dándole mucho protagonismo a la velocidad de Rodrigo Mora -aunque anoche desde el cuerpo técnico todavía dudaban si incluir a Gio Simeone en su lugar- y de Manuel Lanzini. Hará ingresar a Germán Pezzella conformando una defensa que va con Jonatan Maidana de lateral, Pezzella, Eder Álvarez Balanta y Leonel Vangioni. Puso a Carlos Carbonero, a Leonardo Ponzio otra vez en su puesto natural de volante central, al Lobo Ledesma y a Ariel Rojas en el medio. 

Como sea, el concepto es uno sólo. Ramón Díaz, como Passarella, se siente contra las cuerdas (a nivel futbolístico, no a nivel político ni en relación a su continuidad). Por eso, apoya la espalda contra su mejor arma: Marcelo Barovero. Esta noche intentará aguantar como sea.

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