Si así se juega la Copa, como se jacta Ramón Díaz, la aventura internacional terminará rápido para River. Ramón Díaz apostó por el mismo libreto que en la llave ante San Lorenzo, pero esta vez vuelve a Núñez con las manos vacías. “Los jugadores interpretaron lo que quería, lo que es jugar la Copa. Porque la Copa se juega así, tengo experiencia en esto”, dijo el riojano después de eliminar al Ciclón. La experiencia de la que habló Ramón Ángel Díaz refiere a la Copa Libertadores que levantó en 1996, con aquel equipo que quedó en la retina riverplatense con las gambetas de Ariel Ortega, la elegancia de Enzo Francescolli, los goles de Hernán Crespo y el cerebro de Marcelo Gallardo.
En esta Sudamericana que marca el regreso al plano internacional después de cuatro años, con un descenso en el medio, el sello es otro. En los 270 minutos que lleva el Millonario en este certamen las situaciones de gol que generó el equipo de Ramón se cuentan con los dedos de una mano. El único grito fue el de Jonatan Maidana, en el Bajo Flores, ante San Lorenzo, luego de una jugada desafortunada del arquero azulgrana. Es más: se podría decir que Maidana, su único goleador, tiene más amarillas –tres, se pierde el próximo partido– que los tiros al arco rival que hizo River en la Copa.
Anoche, en los 2100 metros de Loja, ante un equipo que parecía menor en los atributos técnicos y ni que hablar en ese roce copero del que Díaz hace gala, River salió a esperar qué hacía el rival. Se metió, por momentos, en su propia área. Jugó a hacer correr el reloj, incluso en desventaja. Marcelo Barovero se tomaba uno, dos y hasta tres tiempos para despejar la pelota en un saque de arco. Una muestra de la actitud con la que salió a enfrentar el partido el Millonario, que jugó con un solo delantero en Ecuador.
En los primeros 15 minutos del segundo tiempo, River salió a jugar con el orgullo tocado. Fue al frente. La tuvo el Malevo Ferreyra, pero falló, después de una muy buena jugada de Manuel Lanzini. Unos minutos después se volvieron a asociar, pero esta vez el zurdo no falló. El Millonario, apenas se animó, llegó al empate. ¿Por qué regaló toda la primera mitad, entonces? Difícil de responder, aunque tal vez tenga que ver con que el riojano se aferró al resultado que logró ante San Lorenzo en el Monumental, cuando también jugó con un solo punta. De todos modos, ese no fue el único regalo en la noche de Loja: a los 18 del segundo tiempo Germán Pezzella le hizo un penal infantil a Jonny Uchuari, cuando el 10 ecuatoriano encaraba para afuera del área. El juvenil definió con tranquilidad desde los 12 pasos y volvió a poner en ventaja a la Liga.
Recién ahí, a falta de 20 minutos, Ramón Díaz se animó a poner a otro delantero: sacó a Jonathan Fabbro –ese jugador por el que insistió durante dos mercados de pases y aun no rindió– para el ingreso de Federico Andrada y mandó a la cancha a Carlos Carbonero por Pezzella. Fue tarde. No alcanzó. Y ahora, River tendrá una semana para repensar cómo se juega la Copa si es que quiere seguir adelante.
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