lunes, 2 de septiembre de 2013

Tarde de fiesta en La Boca, como hacía mucho no se veía. Por la vuelta de Gago, por un triunfo contundente desde lo futbolístico, por el optimismo recuperado de cara al futuro. Con goles de Ribair Rodríguez y Blandi, volvieron a creer en sí mismo.



Con un gol a los 50 segundos, más Carlos Bianchi, tipo vivo si los hay para sacar provecho de estas situaciones, La Bombonera armó la fiesta bien tempranito, que no se empañó ni con el empate transitorio de Vélez. Es que más allá de alguna que otra intermitencia, Boca fue el patrón absoluto de un partido en el que nunca estuvo incómodo, menos aun después del 2-1, marcado por Blandi. Y la razón fue porque el local controló todos los sectores del campo de juego y el visitante casi nunca llegó al área rival. 

En la semana el Virrey sorprendió poniendo de "dos" a Ribair, a Fernando Gago, un día de titular y otro de suplente, y a Emmanuel Gigliotti en reemplazo de Blandi. Todas fueron pruebas, como dijo el propio DT en su conferencia de los viernes. Al salir su equipo a la cancha para jugar ante los de Vélez, confirmó la idea de mantener en la cueva al volante uruaguayo, la decisión de que Pintinta vuelva a jugar oficialmente en el club de La Ribera luego de siete años y la confianza en Blandi como "nueve" titular. A todo esto le sumó la urgencia de tener que sustituir a Leandro Marín, lesionado a último momento, por Cristian Erbes, en un puesto donde nuncas había jugado en Primera. Y como Bianchi acompaña su sabiduría con un toque de suerte, le salió todo redondito. Claro que tampoco nadie sospechaba que enfrente iba a tener un Vélez que, si pasó la mitad de cancha cinco veces fue mucho. 

El gol "desde el vestuario" de Ribair, tras un exquisito centro de Gago, hizo presagiar que Boca tenía la mesa servida para darle una paliza a los de Liniers. Lo evidenció en esos minutos posteriores llevándose puesto a un rival abombado por el golpe tempranero. Pero a los nueve, por esas cosas insólitas e injustas que tiene el fútbol, a Ezequiel Rescaldani se le enredó la pelota en los pies y de golpe se encontró frente a Orion. Definió cruzado y gol. Empate.

Lejos de apichonar a uno y agrandar al otro, el partido siguió su curso. El Xeneize controlando y el Fortín sin la más mínima intención de ir a buscar más, como dando la sensación de querer cerrar el partido en ese preciso instante. Y eso se paga. 

Boca fue y fue, con inteligencia, por más que por momentos entró como en un letargo, y obtuvo su premio. Fernando Gago, el faro que tuvo el equipo para guiarse hacia el arco de Sosa, limpió hacia la izquierda una jugada embarullada, centro, rebotes y Blandi adentro. De ahí en más no hubo partido. Los de Gareca nunca pudieron encontrarle la vuelta al toqueteo de Boca en la mitad de cancha y Federico Insúa nunca pudo manejar la pelota con comodidad. 

Boca cerró un domingo bien arriba. Con un 2 a 1 que pudo haber sido más amplio. Con la confirmación de que Ribair, de buen partido, encaja con el Cata en defensa. Con un Gago que, con el correr de los partidos, va a ir haciéndose dueño del mediocampo. Ni hablar cuando juegue con Román. Con un Blandi al que le vino bien la lavada de cabeza. Pero a la vez con la obligación de cerrar antes y mejor los partidos, porque ayer, sobre el final, Vélez pudo habérselo empatado.
Boca se fue cantando "que de la mano de Carlos Bianchi, todos la vuelta vamos a dar". Con esa mano se puede.


COMENTARIO
Si bien, tras ponerse Boca rápidamente en ventaja, Vélez llegó al empate minutos después, el 2 a 1 final de Boca no merece el más mínimo cuestionamiento, ya que dominó el partido de principio a fin. La buena tarea de Gago para manejar los tiempos de su equipo, más la movilidad del Burrito Martínez y el olfato de Blandi para empujarla al fondo del arco, fueron demasiado para un equipo de Gareca que no tuvo nada de fútbol a lo largo de los 90 minutos. La diferencia tendría que haber sido más amplia.

LA FIGURA
Fernando Gago: Aportó una visión del juego que nadie tuvo y el ejemplo es el pase que dio en el segundo gol que clarificó la jugada y fue la puerta para el triunfo de Boca. Pero además, disimuló la ausencia de Román, al manejar el equipo en la mitad de la cancha. Un retorno que fue tan esperado como resultó muy saludable.

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