lunes, 6 de mayo de 2013

Boca y River se conformaron con un empate en el superclásico

Boca y River empataron en un gol en uno de los peores superclásicos de los últimos tiempos por su bajísimo nivel de juego, abulia y falta de ideas y actitud para ir en busca del triunfo. River pegó de entrada -a los 43 segundos-, mediante un cabezazo de Lanzini, y Boca lo empató sobre el cierre del primer tiempo, por una jugada entre Ervitti y Silva. 

El segundo tiempo, mejor olvidarlo. Rápido, porque estuvo muy cerca de ser penoso.

Esta vez no puede decirse que el hincha de Boca se fue conforme con al menos arruinarle el día a River. El segundo tiempo debe dejar preocupación en hinchas, jugadores y quienes conducen. Boca y River juegan ¿juegan? en un nivel paupérrimo. Y más: su peor falencia radica ya no en la circulación del balón, sino en la falta de entendimiento del juego.

En River, porque es un equipo que dura una expiración, lo que dura el envión que te da un gol de entrada. Un conjunto que ante uno de los peores Boca -y no sólo por los números en el torneo-, sino en la falta de coordinación, presión y juego, no supo qué hacer en todo el segundo tiempo. Ramón Díaz no lo dirá, pero sus jugadoes no pisaron el área en los segundos cuarenta y cinco minutos, salvo en esa especie de ambición que mostraron en las útlimas dos pelotas detenidas.

El técnico debe estar preocupadísimo porque marcó el camino el jueves al declarar "Es más importante para nosotros", y sus jugadores... no supieron, no saben interpretar esa amibicón, ni el momento del juego, ni mantener la concentración para cerrar el arco, un tiempo, un partido. Y luego no reaccionan ante un Boca que sólo se adelantó diez metros.

¿Y Boca? Bianchi debe estar otro tanto sorprendido por el bajo rendimiento de los suyos en la primera mitad. Inconexos en las líneas, equipo largo, sin circuito ni idea de juego. Al Xeneize lo salvó el gol por la patriada de Ervitti y el anticipo ofensivo de Silva. En el segundo no podía jugar peor, en medio de esta crisis futbolística inédita bajo la conducción del técnico más ganador del club, y con sólo adelantarse, presionar y no dejar jugar al rival, mejoró.

Pero tampoco pisó el área de Barovero. Y encima, el más activo de los atacantes, Acosta, dejó la cancha en el sprint final. Bianchi apostó por más tenencia de pelota, pero no había sociedades -no hay en Boca sin Riquelme-, y el mucho entusiasmo no asegura otro gol. Ni con pelotas paradas, ni con arrimarse tibiamente al borde del área.

El segundo tiempo del superclásico fue de los peores de los últimos tiempos. Y no tanto por la falta de juego e ideas, porque suele suceder que no te salga una, y no encuentres un socio para dar dos pases seguidos. No puede suceder que el equipo en conjunto no entienda qué necesita para salir de ese pozo, y no presione; ni siquiera muestre ambición o simule ir en busca de un triunfo que necesitaba.

Uno para pelear el torneo, porque está en el podio del torneo. Y el otro, porque ya no alcanza con amargar al archirrival, sino porque había que ganar para salir de esta racha que lo ubica como el peor Boca en torneos cortos.

Abulia e indición. Falta de fútbol, rebeldía y creatividad. Actitud para ambicionar ganar. Muy poco para el fútbol, paupérrimo para el superclásico de nuestro país.

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