jueves, 16 de mayo de 2013

Riquelme "está felí": Román fue una pieza clave para la clasificación de Boca en Brasil, nada menos que ante el campeón. El “10” metió el único gol del Xeneize y fue el mejor del equipo que dirige Carlos Bianchi mientras estuvo en el terreno de juego.

Román fue una pieza clave para la clasificación de Boca en Brasil, nada menos que ante el campeón. El “10” metió el único gol del Xeneize y fue el mejor del equipo que dirige Carlos Bianchi mientras estuvo en el terreno de juego.

A muchos les costaba entender por qué tanta historia, tanto rollo, con la situación de un solo jugador. Que está para jugar, que no, que lo vamos a preservar. Que se pierde el Superclásico, que no está para el partido de ida con el Corinthians, que no llega para la revancha, que no tiene minutos de juego, que le falta rodaje, que está viejo. Cuántas palabras tapó, cuántas bocas silenció. 

Cuántas hizo enrojecer hasta dejarlas disfónicas. Claro, ese golazo en el Pacaembú paga por cualquier deuda pendiente en por los menos los dos últimos años. Y eso por ser amarretes, por ser mezquinos, porque en realidad ese golazo no tiene precio.

En la ciudad de San Pablo, ante el rival que lo dejó afuera en la final de la Copa Libertadores de la edición anterior, Juan Román Riquelme se sintió vacío y generó una amargura inmensa entre los seguidores del Xeneize. En el mismo Pacaembú. ante un Corinthians diferente, el astro se volvió a llenar. En realidad volvió a colmar a los seguidores boquenses, a los amantes del buen fútbol. Porque Erbes le entregó un compromiso, el arquero del conjunto brasileño intuyó un centro y el astro sacó un remate de otro planeta. Le apuntó al palo más lejano desde una posición en la que la mayoría de los mortales buscan un centro. Tan sorpresivo fue el disparo que calló a los seguidores del Timao por todo lo que siguió del primer tiempo.
Riquelme influía con y sin pelota. Román contagiaba a sus compañeros y a sus rivales. A los de azul y oro en cada movimiento, en cada asistencia (como esa que dejó a Blandi de cara al arco), en cada pase. A los locales les contagiaba el miedo por eso los laterales no despegaban.

El frío se apoderó de un Pacaembú que no encontraba razones a la razón que el “10” había impuesto en el terreno de juego. Apenas llegó el desahogo con el empate de Paulinho y la presión de la gente local empezaba a hacerse sentir, pero Riquelme se encargó de enfriar a los más eufóricos. Le metió un ancla a la pelota debajo de su botín derecho. Le metió cerrojo al vértigo de los brasileños y les hizo recordar que Riquelme estaba de vuelta.

El mejor jugador de Boca tiene buenos recuerdos en tierras brasileñas. Al hombre que acusan de ser triste en la tierra de la alegría eterna casi siempre se le dibujó una sonrisa.

Cinco partidos había jugado Román en Brasil por la Copa Libertadores hasta anoche. Todos fueron en fase de eliminación directa. Y, al igual que anoche frente a Corinthians, casi siempre fue determinante para la victoria de Boca. El primer partido fue la final de la edición de 2000, en la que convirtió su penal en la serie frente a Palmeiras. Un año después, contra el mismo rival pero en semis, el enganche jugó uno de sus mejores partidos con la azul y oro y también convirtió en la definición desde once metros. En cuartos, contra Vasco, también había tenido una actuación para el elogio. La otra oportunidad que terminó con alegría fue la definición de 2007, contra Gremio: ese día, el Diez jugó probablemente el partido más trascendental en el Xeneize y convirtió los dos goles para el triunfo y la vuelta olímpica.

La única desilusión fue en la final del año pasado, también contra el Timao. Derrota 2-0, tanque vacío y despedida de Boca durante ocho meses. Ocho meses en que se extrañó horrores su talento. Riquelme tenía todavía reservado un remate que el arquero no controló y que Blandi se encargó de desperdiciar debajo del arco. Después Román pidió el cambio y a Boca le quedaron todavía por delante 23 minutos de sufrimientos. Los instantes finales sin Riquelme y con el resultado que le permitía clasificar, Boca se encargó de pelear cada pelota como si fuera la última.

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