jueves, 9 de mayo de 2013

Tigre se llevó el partido de la 11ª fecha, que se había postergado por la pelea de Maravilla Martínez. Superó con claridad a un tibio Vélez, aunque le faltó meter el golpe de nocaut.

Con el recuerdo de Maravilla Martínez aún latente, Vélez volvió a preparar una fiesta. Pero esta vez, para que su equipo dispute el encuentro que el boxeo obligó a posponer. Sin embargo, el primero en pegar fue Tigre. 
A los seis minutos, el Matador hilvanó una jugada con una construcción estética agradable. Leguizamón amortiguó la pelota con el pecho cual si tuviera un colchón de resortes, y Kevin Itabel marcó su primer gol en Primera. 


Itabel aspira a ser el remplazante del lesionado Botta. Petizo, hábil, encarador. Intentó jugar de enganche, fue obediente a las exigencias del retroceso del equipo y eficiente a la hora de escabullirse en la línea de los centrales rivales; tuvo encuentros positivos con Rusculleda, quien por características naturales colaboró en la creación. 
El pibe recibió las primeras caricias de los hinchas de Tigre porque, además del gol, tuvo apariciones muy interesantes.
Vélez estaba grogui, contra las cuerdas y hasta tuvo que ver cómo Tigre contaba hasta diez toques sin poder interceptar ninguno. Pero de a poco fue emparejando las acciones. El Fortín es una máquina a la cual le falta un service; necesita pasar por el mecánico a que le hagan alineación y balanceo. Si bien salió a jugar con mayoría de titulares, todos parecen tener la cabeza en la Copa Libertadores, lo cual se aprecia en la tabla de posiciones. 
Sin embargo, se metió en la pelea del partido gracias a individualidades como Allione e Insúa. El chico de las inferiores por momentos hace olvidar a Augusto Fernández; logró afianzarse como un ocho clásico. Ayer, lo sufrió mucho Orbán, uno de los mejores marcadores de punta de nuestro fútbol. En tanto, el Pocho aportó toda su categoría, elegancia y vigencia. El enganche recibió una mano de Galmarini, quien le cometió un penal inocente para que el propio Pocho iguale el marcador.
En el segundo tiempo, Tigre volvió a pegar de entrada y esta vez Vélez no se pudo levantar. Orbán realizó una gran jugada, continuada por Leandro Leguizamón, quien giró con más fuerza que sutilezas y definió de gran manera para el 2-1. Vélez demostró que, al menos en el torneo doméstico, está muy lejos de ser el de hace apenas unos meses. Siquiera la vuelta de Facundo Ferreyra pudo dar vuelta la historia. Gareca, en ese cambio, sacó a Allione (uno de los mejores de la cancha) y bancó a Copete, que erró un gol insólito debajo del arco y se ganó –una vez más– todos los insultos. Todo esto facilitó el trabajo a Tigre, que fue parejo, pegó en los momentos justos y se llevó la pelea.
El Matador decidió resguardar algunos jugadores como Pérez García y Ezequiel Leone, que estuvieron en el banco. Este triunfo le sienta muy bien a Tigre, ya que se le va una temporada en la cual hizo 50 puntos y la reemplaza por otra mucho más pobre, que ahora engorda un poco más y llega a las 29 unidades.

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