Jonathan Gómez nació hace 24 años en Capitán Bermúdez, en las afueras de Rosario, y hasta los 21 años sólo uso una camiseta: la de Central. Fue durante muchas temporadas una de las joyas de la cantera canalla, fue una ilusión cuando Vitamina Sánchez lo mandó a la cancha para tratar de enderezar un camino que ya parecía desembocar en la B Nacional y fue un chivo expiatorio cuando Central perdió con All Boys la Promoción y se fue al descenso, allá por mayo de 2010. Desde esa tarde, no volvió a pisar el Gigante de Arroyito hasta anoche que, con la banda roja de Arsenal, tuvo su primera chance como titular desde su arribo en junio. Apenas iban seis minutos de juego, cuando definió de zurda un centro atrás de Julio Furch. No lo gritó nadie: ni los hinchas del Arse que no podían estar en el estadio, ni él, por respeto al club en que nació.
Esa es la suerte que acompaña a Central en este último mes, en el que acumula cuatro derrotas en fila. Pero las rachas, dicen, alguna vez se cortan. Y sino lo puede decir Sebastián Washington Abreu, quien en el último minuto se encontró una pelota picando en el área chica, con Cristian Campestrini vencido. Así llegó el empate que sirve para aliviar a un Gigante que estaba a punto de estallar, justo cuando Newell´s, ese partido que esperan hace tres años, aparece a apenas 30 días de distancia.
Si algo le faltaba al equipo de Miguel Ángel Russo, que vivió una semana complicada con tiroteos, pintadas y amenazas de la barra, era arrancar perdiendo el partido desde los seis minutos. Los restantes 84 los jugó como si cada pelota fuera la última. Fue puro vértigo y desesperación y pelotazo al área. Del otro lado, estaba el Arsenal de Gustavo Alfaro. Orden, disciplina y buenos cabeceadores. Así fue como rechazaron uno a uno los centros que mandaba sobre el área el local. Pero vivir todo el partido como si fuera la última jugada tuvo premio para Central: fue en el minuto 92, en el enésimo pelotazo al área de Arsenal. Al menos, un mínimo de justicia.
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