Acababa de entregarle unas medallas a sus compañeros de plantel del Mundial 78. El Monumental estaba vacío. Se sintió de buen humor y decidió hablar con la prensa –algo que no hace con frecuencia–. Le pedían que explicara por qué David Trezeguet había sido excluido por Ramón Díaz. Era cauteloso y decía poco. Y cuando le preguntaron por si se presentaría en las elecciones, Daniel Passarella volvió a responder lo mismo de los últimos dos años: “Estamos para gestionar.” En su gira por Europa, algo más de dos meses después, concedió una entrevista al diario español Marca en el que anunció que se presentaría en caso de tener chances de ganar. A dos meses y medio de los comicios, las dudas empiezan a entrar en un embudo: pese a que las encuestas lo dan en el tercer puesto –por debajo de Rodolfo D’Onofrio y de Antonio Caselli–, el jueves 3 de octubre lanzaría su candidatura para presentarse en las urnas.
No lo hará de cualquier forma. Su cúpula dirigencial –salvo uno que está en duda– lo respaldará y lo acompañará (de hecho, Diego Turnes ya fue votado en reunión de Comisión Directiva como presidente de la Comisión Electoral). Y, en principio, contará con una carta única: un visto bueno –y público– de Ramón Díaz, quien podría jugar una fuerte baraja a favor de Passarella, a quien le elogió desde su capacidad para resolver el conflicto salarial de los empleados del club –la semana pasada hicieron paro durante una noche luego de que el día 12 todavía no les hubieran pagado el sueldo– hasta los esfuerzos por traer a Teófilo Gutiérrez y a Jonathan Fabbro –a pesar de los canjes–.
“Hay un candidato que si gana yo agarro mis cosas y me voy”, dijo Ramón Díaz, frente a las cámaras. Los rumores aterrorizaron a D’Onofrio y a Caselli, quienes salieron rápidamente a decir que su entrenador era el Pelado.
El 28 de noviembre de 2011, Matías Almeyda dejó de ser el entrenador de River. Un mes y medio antes, Ramón Díaz había dicho que quería volver a dirigir en Nuñez. Todos los números para sentarse en el banco los tenía él, pero se sospechaba de una compleja relación entre el entrenador y el presidente. El 29 tuvieron una reunión en la que limaron asperezas y se pusieron de acuerdo para el desembarco de Díaz en el Monumental. “Cada vez que se juntan, escuchamos las mejores historias de fútbol”, cuentan los que alguna vez estuvieron con ellos en la presidencia del club. Y no exageran: el vínculo se volvió tan fuerte –con Passarella y con Turnes– que hasta coordinaron la renovación de un contrato de altísimo nivel que durará hasta 2015.
Hace un mes, empezaron a pegarse carteles con la inscripción Passarella 2013 en el Monumental. Hace una semana, comenzó a armarse el lanzamiento del 3 de octubre, en Costa Salguero. Del presidente de River se dicen muchas más cosas que las que él dice. Muchos hasta lo calificaron de incapaz y, sin embargo, no han podido desbancarlo en el peor momento de la historia deportiva riverplatense –con el descenso–. En todas las asambleas, los socios le han respondido. La última semana, gran parte del sector de jubilados le aseguró su apoyo. Tiene a Ramón Díaz, que puede hablar y no es poco. La carrera recién comienza.
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