| “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, gritó la gente al final del partido. |
Las internas que quedaron expuestas en la semana con la salida del mánager Roberto Ayala y la renuncia del secretario Leandro Rodríguez Hevia aparecieron claramente ayer, en el Cilindro. Gastón Cogorno, el presidente que quedó aislado de la mayoría de la Comisión Directiva, no estuvo en la cancha. Sí se lo vio a Rodolfo Molina, el ex presidente del club y el hombre que quedó con mayor injerencia en la política académica, que incluso acompañó al plantel en el micro. Rodríguez Hevia, del ala cogornista, sí estuvo en el predio Tita durante el mediodía para ver el empate de la Reserva y también apareció en su platea del Cilindro unas 12 filas debajo de Adrián Fernández, protesorero y aspirante a presidente aunque aún no tenga el aval definitivo de Molina. Cerca de allí estaba Pablo Podestá, el ex presidente que se peleó con Molina hace unos años y ahora está a la expectativa para volver al club.
Anoche, mientras la Academia buscaba su primer triunfo en la temporada, por las calles de la mitad celeste y blanca de Avellaneda corrió el rumor de que Cogorno renunciaba a su cargo. Pero el presidente no se pronunció en ningún momento y desde su entorno desmintieron un posible adelanto de las elecciones. Desde el sector de Molina tampoco lo pidieron ni parece que lo vayan a hacer, porque aún no tienen definido su futuro político.
Cuando Racing salió a la cancha, desde el corazón de la tribuna se escucharon insultos al vicepresidente Molina. Pero la mayoría de la gente no acompañó, al igual que cuando la barra aprovechó el mejor momento de Newell’s para insultar y amenazar a los jugadores –“No se lo decimos más, si no ganan esta noche, qué quilombo se va a armar”.
En ese clima, parecía difícil que la Academia lograra sus primeros tres puntos. Aunque hay antecedentes de equipos campeones con dirigencias partidas. Boca, hace dos años, con Julio Falcioni como DT, dio la vuelta olímpica cuando toda su comisión directiva estaba partida por unas inminentes elecciones en las que el presidente y los vices iban por listas distintas, que estaban fuertemente enfrentadas. Son dos problemas los que tiene Racing: el futbolístico y el institucional. Se retroalimentan claro, pero tienen un origen distinto.
“Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, gritó la gente al final del partido. Lo cierto es que esta dirigencia que no tuvo problemas en unirse para festejar un gol que le marcaron a Racing porque eso ayudaba a que Independiente se fuera al descenso y que tuvo la capacidad para armar un velorio perfecto, donde no importaba que hubiera barrabravas, ni compartir las alegrías entre estos bandos que ahora están peleados, no puede encauzar un club para que vaya por sus carriles habituales. Aunque en Racing, tal vez, lo habitual sea esto.
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