La diferencia entre los futbolistas que juegan en el medio local y los que arman las valijas para ir a Brasil 2014 tal vez quede clara con apenas ver cómo Maximiliano Rodríguez amaga, revuelca a los defensores de Racing y la mete de zurda en el palo izquierdo de Sebastián Saja. El futbolista del seleccionado que dirige Alejandro Sabella es quien rompe los esquemas y las tácticas, y tira a la basura todo tipo de plan que se pueda trazar de antemano.
Que el primero juegue frente al último supone una diferencia notable en el funcionamiento de ambos equipos y, también, en la ficha que ponen quienes apuestan por el triunfo de unos y otros. En circunstancias normales, Newell’s es el líder del campeonato y es consecuente con su ubicación en el Inicial. Newell’s juega bien al fútbol, tiene una continuidad en su idea con el arribo de Alfredo Berti y, salvo en el partido frente a Boca –al que venció en La Bombonera–, nunca fue superado en la tenencia de la pelota, lo que –de algún modo– da una pauta de sus pretensiones sostenidas para esta noche de Avellaneda. Racing, en cambio, todavía es una imagen pálida de esa vergüenza que da cuando la tabla de posiciones le muestra una silueta por el piso y con dos puntos. Racing es, claramente, el que debe perder este partido de la teoría. Sin embargo, la distancia entre el campeón y el último no ofrece esos registros.
Newell’s juega el partido como si fuera local en el Coloso del Parque. Y Racing, también. El equipo visitante apuesta a pararse bien lejos de Nahuel Guzmán y a fortalecer su estrategia con el balón en los pies a partir de lo que pueda generar el triángulo formado por Lucas Bernardi, Diego Mateo y Pablo Pérez. Eso, sumado a lo que generan Maximiliano Rodríguez, por un lado, y Víctor Figueroa, por el otro, pone a los rosarinos siempre al borde de la posibilidad de ver de cerca a Sebastián Saja, que interviene en una acción donde Figueroa intenta su gol luego de ese tiro en el palo en el primer tiempo.
No es mucho, sin embargo, el riesgo que lleva el líder hasta el arco de Racing. A diferencia del planteo que hizo Carlos Ischia en la cancha de Boca –con cuatro defensores, pero sin un orden y una idea clara– esta vez equilibra y tapa todos los agujeros que se puedan generar en defensa con cinco defensores y a la espera de una reacción del medio hacia adelante. Esa fórmula, mezquina en el armado, le da un toque de agresividad y de llegada mucho más productivo de lo esperado. Rodrigo De Paul pegó dos tiros en los palos (en menos de un minuto) y Guzmán le quitó el grito de gol. Agustín Pelletieri, luego de una serie de rebotes en el área, también tuvo la chance de abrir el juego, pero otra vez el arquero fue protagonista.
En el desarrollo del juego, Racing achicó las distancias en números y en funcionamiento que existen en este torneo contra Newell’s. Le salió, incluso, mucho más barato de lo que esperaba y de esas precauciones que había tomado –poner cinco atrás– pese a su localía. Se apiló en el fondo para, al menos, mantener el arco en cero por primera vez en el campeonato. Pero apareció Maxi Rodríguez, milimétrico, a puro talento y potrero. Como los elegidos, para marcar esas diferencias entre todos los que juegan.
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