jueves, 27 de junio de 2013

Bianchi busca quien haga goles y quien los evite. Los quiere antes de iniciar la pretemporada.

Podría decirse que Boca sufre el síndrome post Palermo desde que “el optimista del gol” decidió retirarse del fútbol para pasar a ser director técnico. 
Podría decirse también que extraña al mismísimo Rolando Schiavi desde que el Flaco, viejo y todo, hizo las valijas y marchó a China a juntar los últimos dólares de su extensa carrera. 

Pero más allá de lo que se diga, lo cierto es que Boca compró
lo mejor del mercado local para reemplazarlos y fracasó rotundamente en el intento. Ni el Pelado Silva ni Viatri ni Blandi le hicieron sombra al recuerdo del Titán, ni Carusso ni Burdisso ni el Chiqui Pérez fueron capaces de tapar los agujeros defensivos como lo hacía Schiavi. 
Por todo eso, Bianchi y Boca saben que apostar toda la suerte a la compra de refuerzos es engañador. Como saben también que si no encuentran soluciones a sus problemas el futuro viene negro. 

En ese contexto, Emanuel Gigliotti es una certeza. Falta la firma en el contrato, pero el goleador ya dio el visto bueno y habló directamente con Mauro Bianchi, el hijo de Carlos. Seguramente será la primera cara nueva...
La otra apuesta fuerte es el Cata Daniel Díaz, con el único objetivo de fortalecer a toda la defensa, de ponerse al hombre ese hierro caliente que es el área de Orion y poder hacer pie firma sobre las brasas. Su llegada es más complicada que la de Gigliotti, pero para el cuerpo técnico es tan prioritaria como la del goleador. El defensor tiene decidida su vuelta al país luego de varios años en Europa. Lo pretende también Rosario Central, pero en la Boca confían que terminará prevaleciendo la capacidad de convencimiento de Bianchi.
El último en carpeta por ahora es Fernando Gago. Se habla despacito y por lo bajo, entre otros motivos porque jugará el sábado para Vélez el partido ante Newells que decidirá al campeón argentino. Ya hubo contactos informales con su representate y quedaron en reunirse la semana que viene.

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