El partido con Unión fue apenas una excusa. Aunque el resultado acompañó la alegría de los hinchas. Aunque más que una fiesta, lo que se vivió anoche en Avellaneda fue una parodia de velorio. Los hinchas de Racing sienten la caída de Independiente como una reivindicación propia. Fueron 30 años en los que soportaron las cargadas por haberse ido a la B en 1983. Su vecino, el club que tiene su cancha a sólo dos cuadras de diferencia, disfrutó esa situación durante tres décadas. La Academia, entonces, siente que la historia se equilibra, que llegó el momento del desquite.
Aunque la celebración-velorio de anoche tuvo sus excesos. Los hinchas tenían globos y carteles con la B. Pero la organización no estuvo sólo en la tribuna. De movida se notó que fue institucional, que los dirigentes estuvieron al frente. Un humo negro espeso tapó el Cilindro cuando salió el equipo. No se veía nada. Diez minutos demoró en limpiarse el aire para que pudiera arrancar el partido. Entre las tinieblas de las bengalas la barra entró con coronas, velas y féretros. Y recorrió todo el anillo de abajo hasta llegar a la zona de las cabinas, bajo el mástil que vigila la cancha desde lo alto. La marcha fúnebre comenzó a sonar desde los altoparlantes, otra señal de que la propia dirigencia estuvo en la organización. Lo mismo cuando en el entretiempo se apagaron las luces. Quedó claro que se trataba de algo planeado. A uno de los que estaba disfrazado como fantasma en la popular se lo llevó la Policía, mientras que hubo catorce detenidos por querer ingresar pirotécnia y una bandera que decía “Orgullo de la B Nacional”. Lo más probable es que el Cilindro sea suspendido por algunos partidos.
“Vos sos de la B”, cantaba la gente de Racing, que sin olvidarse de Independiente deliró también con el juego de sus pibes ante un Unión ya descendido. Se entusiasmaron cada vez que la tocaron Rodrigo De Paul y Ricardo Centurión, aplaudieron cuando Luis Fariña tiró un caño precioso, y festejaron con locura cuando Luciano Vietto picó la pelota en el penal para vencer a Oscar Limia y abrió la cuenta para Racing.
Cada vez que los cuatro pibes que salieron de las inferiores se juntaron, llenaron de orgullo a los hinchas. Diego Villar le agregó a esa música su gol, desde afuera, después de un córner, agarrando de una la pelota. Y el tercero, el de Centurión, sirvió para ponerle una frutilla a la torta. Porque más allá de sentir la reivindicación de la historia, de sentir que ahora son ellos los que pueden gastar, de despedir a su rival con el ya clásico “Te vas” del cantante chileno Américo, Racing piensa en su futuro inmediato. Cerró anoche la mejor temporada de los últimos once años aunque no ganó un título, su obsesión. Ahora, sin su rival clásico en Primera, es su gran objetivo.
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