El secreto del juego de Fernando Gago se guarda en el cuello. Los golpes de vista, la mirada de rayos X, hacen la diferencia. Gira el cogote tan rápido como un búho. A veces parece que puede moverlo en 360 grados. Trota del centro hacia los costados, las medias por encima de las rodillas, los botines verdes, blanco y negro, y defiende reclinando la espalda y extendiendo los brazos. El jugador de la Selección desentona, y con poco, en el fútbol argentino.
Los amonestados de Atlético de Rafaela –Walter Serrano y Raúl Ferro– vieron la amarilla porque le pegaron a Gago: lo embistieron porque domina otros tiempos y llegaron tarde. Cuando la pelota se le aleja de su radio, se desespera: mueve los brazos como si pudiese determinar la voluntad de los compañeros. Para allá, para aquel, para el otro. Cuando la reclama, en cambio, levanta el brazo como si fuese un mástil. Acá, acá, acá. Ezequiel Rescaldani parece un centrodelantero de la Premier League.
Si conservar la serenidad en el área es una virtud, mantenerla en el área chica es para pasarle el resaltador. Antes de anotar el segundo, recortó con la izquierda, Cristian Vela pasó de largo y definió con la derecha. Vale la frialdad en los zapatos rosa y violeta. Cabeceó mal en un centro servido para el gol y Guillermo Sara le sacó un zurdazo al blanco por encima del travesaño. Rescaldani, con siete, fue el goleador de Vélez en el Torneo Final. De hecho, convirtió en las últimas cuatro veces que fue titular. Rescaldani –cordobés de Leones, 21 años, 1,91 cm– le peleará ahora un puesto a Facundo Ferreyra en la Superfinal ante Newell´s, el sábado que viene en Mendoza.
Gago y Rescaldani fueron, de alguna manera, los colores de un Vélez gris que le ganó a un Atlético de Rafaela que, más allá de la derrota, se aseguró otra temporada en Primera. No sacó el punto que necesitaba: la caída de San Martín le evitó el esfuerzo.
Gago y Rescaldani fueron, de alguna manera, los colores de un Vélez gris que le ganó a un Atlético de Rafaela que, más allá de la derrota, se aseguró otra temporada en Primera. No sacó el punto que necesitaba: la caída de San Martín le evitó el esfuerzo.
El equipo de Jorge Burruchaga, desde el minuto cero, añoró el empate. El bloque de once futbolistas defendió parado de la mitad de la cancha hacia atrás. Diego Vera, el 9 de la Crema, robó un balón en la posición de lateral derecho bis. Fue una instantánea de la intención de Atlético en el Amalfitani, que abusó de los pelotazos para encontrar el gol. Eduardo Domínguez consiguió la igualdad por esa vía: de cabeza. Y lo gritó.
Y la platea se lo recriminó porque consideró que un hombre que sale de la casa debe evitar el sacrilegio. ¿Acaso no le anularon un gol de cabeza a Domínguez cuando jugaba en Huracán ante Vélez en ese arco en el partido que determinó el campeón del Clausura 2009? ¿No había una paz en el grito? “Que en Mendoza cueste lo que cueste, en Mendoza tenemos que ganar”, despidieron al equipo los hinchas de Vélez, que el sábado podrán ganar otro título y, así, clasificar a las Copas.
A CUIDARSE
“Por lo menos nos despedimos bien de la gente de Vélez en el último partido. Nos tenemos que cuidar para la Súper final.”
Ricardo Gareca
RECUERDO
Al final del encuentro la gente de Vélez le brindó un reconocimiento a los ex jugadores de aquel equipo que se consagró en el Clausura del 93.
A CUIDARSE
“Por lo menos nos despedimos bien de la gente de Vélez en el último partido. Nos tenemos que cuidar para la Súper final.”
Ricardo Gareca
RECUERDO
Al final del encuentro la gente de Vélez le brindó un reconocimiento a los ex jugadores de aquel equipo que se consagró en el Clausura del 93.

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