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| Martino festejó a la par de sus muchachos. |
Gerardo Martino ya había sentido en su cuerpo la felicidad de dar la vuelta olímpica en el Parque de la Independencia. Habían pasado 22 años de aquel último título, el que festejó entre la lluvia y el barro de la cancha de Boca gracias a las atajadas de Norberto Scoponi.
El Tata ya no es el mismo, el club no es el mismo, ni siquiera el nombre del Coloso es el mismo. Ahora se llama Marcelo Bielsa, y lleva una platea con el nombre del entrenador que volvió a ponerlo en la cumbre del fútbol argentino. Pero, al cabo, la emoción es la misma.
“Boca no te vayas, Boca vení, quedate a ver al Tata, parece Platini”, le cantó el pueblo leproso en aquella final de 1991 en La Bombonera. La felicidad es parecida pero el canto es otro. Y Martino también: ya no lleva en la espalda el número 10, aunque sigue siendo un armador. Ahora, le tocó ser el comandante de este grupo que no sólo dio la vuelta sino que logró romper con el paradigma de los últimos cuatro años de nuestro fútbol.
“Boca no te vayas, Boca vení, quedate a ver al Tata, parece Platini”, le cantó el pueblo leproso en aquella final de 1991 en La Bombonera. La felicidad es parecida pero el canto es otro. Y Martino también: ya no lleva en la espalda el número 10, aunque sigue siendo un armador. Ahora, le tocó ser el comandante de este grupo que no sólo dio la vuelta sino que logró romper con el paradigma de los últimos cuatro años de nuestro fútbol.
“Esto es mucho más de lo que pensamos cuando llegué al club. El objetivo inicial era otro, pero se dio esto, y hay que disfrutarlo, porque es una alegría inolvidable. Todos saben que éste es mi lugar en el mundo pero todavía seguiremos dando algunas vueltas más por el mundo del fútbol”, dijo Martino, que eligió volver a Newell´s después de haber jugado la final de la Copa América como entrenador de la selección de Paraguay. Podría haber optado por cualquier otro equipo. Pero la Lepra estaba haciendo equilibro sobre la cornisa del descenso. Y el Tata, contó esta semana, decidió que si el fantasma de la B se hacía carne, él quería estar dentro del club.
Un año y medio después de esa decisión de vida, Martino flota sobre el césped que tanto conoce del estadio Marcelo Bielsa. Es literal: el plantel que acaba de dar la vuelta se agrupa para levantar en andas al entrenador y lo tira hacia arriba. Una vez, dos veces, tres veces mientras las 40 mil almas leprosas –contando a sus hijas, fanáticas desde las uñas hasta los pelos- dejan sus palmas rojas y sus gargantas afónicas para cantar por el técnico que después de que termine la participación de Newell´s en la Copa Libertadores se irá.
Esa escena del grupo levantando al técnico no es usual en el fútbol argentino.
Ñewell’s en sí no es usual en este medio: un equipo que tenga ese respeto por la pelota y ese sentimiento de pertenencia con el club es lo que engrandece la figura de este campeón, que en puntos no será inolvidable para todos pero sí será recordado como una excepción en los últimos años. Esa, la de Martino en el aire y el grupo sonriente debajo, es la foto que sintetiza a este campeón. Esta frase del Tata también: “¿Cuál fue el secreto? Enseguida nos pusimos de acuerdo, a los jugadores les gustó la idea y la pudimos llevar a cabo. Estos futbolistas son unos valientes de novela, vaya todo mi agradecimiento, mi respeto, y mi admiración. Los resultados se dieron, a veces encontrarle una razón o una explicación es muy difícil. Se dio así y hoy lo disfrutamos”.
COMENTARIO
El primer tiempo fue más o menos como se esperaba: Newell’s, el campeón, manejando la pelota y Argentinos, el último, bien apretado contra su arco. La Lepra, todavía mareada por los festejos, no tuvo la lucidez del resto del torneo. Y el Bicho, que jugaba con los nervios del descenso a flor de piel, se aprovechó de eso en el segundo tiempo, cuando de contra tuvo varias oportunidades para lastimar. El premio le llegó al final: con ese cabezazo de Pablo Hernández a los 41 minutos, que valió el triunfo y la permanencia.
LA FIGURA
R. Gómez: fue el cerebro del Bicho en un partido en el que usar la cabeza era esencial. Por su sector, Argentinos siempre generó los avances más punzantes y, a la hora de dar una mano para recuperar la pelota, lo hizo con criterio.
Tata dixit
COMENTARIO
El primer tiempo fue más o menos como se esperaba: Newell’s, el campeón, manejando la pelota y Argentinos, el último, bien apretado contra su arco. La Lepra, todavía mareada por los festejos, no tuvo la lucidez del resto del torneo. Y el Bicho, que jugaba con los nervios del descenso a flor de piel, se aprovechó de eso en el segundo tiempo, cuando de contra tuvo varias oportunidades para lastimar. El premio le llegó al final: con ese cabezazo de Pablo Hernández a los 41 minutos, que valió el triunfo y la permanencia.
LA FIGURA
R. Gómez: fue el cerebro del Bicho en un partido en el que usar la cabeza era esencial. Por su sector, Argentinos siempre generó los avances más punzantes y, a la hora de dar una mano para recuperar la pelota, lo hizo con criterio.
Tata dixit
“Esto es mucho más de lo que pensamos cuando llegué al club. El objetivo inicial era otro, pero se dio esto, y hay que disfrutarlo.”
Futuro
El Tata dirigirá la final con Vélez, los dos partidos ante Minero por la Copa y eventualmente los dos de la final. Luego intentarán retenerlo. ¿Podrán?

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