River pegó primero y bien. Luna llegó al fondo por la izquierda y tiró un centro que encontró a Vangioni parado en el lugar preciso en el momento indicado: 1-0 a los 13 minutos. Un baldazo de agua helado para el sanjuanino, que no se pudo acomodar, cometió errores claves y recibió el segundo, en offside, también por sus fallas defensivas. River fue mucho mejor en ese primer tiempo y supo marcar la diferencia.
El gol de Caprari, el descuento, llegó en un momento ideal, que le metió suspenso y que pareció generar una reacción en el visitante. Y fue así: en el inicio del segundo, San Martín casi logra el empate que, de empatar Argentinos, forzaba una definición entre ambos. Pero apareció Barovero. En todo su esplendor.
Tapó una atrás de la otra, lo tuvo Luna, Riaño, Landa, Penco. Hasta que la ansiedad y los nervios comenzaron a gobernar el partido: primero tras un supuesto penal no cobrado de Abecasis a Riaño, que derivó –tras el foul a Lanzini- en la roja a Ledesma. Y después, ya en el final, y con el gol (y los gestos) de Iturbe, comenzó el papelón. Peleas, golpes, insultos y llanto de los hombres de San Martín, que no se merecían este final bochornoso, pero que se despiden igual con la frente alta. Dieron todo. Hasta la vuelta.

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