Si el equipo cuyano vence a River en el Monumental, el adiós; si ambos pierden, Argentinos sí será de Primera; y si los dos empatan, habrá un partido desempate en un estadio neutral. Este mapa de ruta se diseñó después de que el Bicho sufriera en el Diego Maradona. Que tirara pelotazos al área como fundamento de su juego. Que se encontrara con Colón, un rival sin estilo y acción, sumamente híbrido.
Incluso después de que superara a la bola de nervios que es Ricardo Caruso Lombardi, quien después de una falta omitida por el árbitro Sergio Pezzotta se metió en la cancha, lo patoteó y se fue expulsado. Los hinchas se retiraron de La Paternal, al fin de cuentas, con la cabeza en el Santo sanjuanino.
Argentinos y Colón eran dos murallones de agua con ocho hombres por cada lado dispuestos a amucharse contra los arcos. Rodrigo Gómez y Lucas Rodríguez se cruzaban la cancha y lanzaban cambios de frente: intentaban armar un punto de encuentro creativo. Y, cuando no, caían los bochazos para Caruso y Anangonó. Sin embargo, a los 28 minutos, cuando San Martín ya vencía a Estudiantes, Gigliotti pinchó el balón por encima de Nereo Fernández. Apenas desviado. El cruce de un aire helado que se extendió al entretiempo. Con la entrada de Villalba, en el segundo tiempo, Caruso tiró un centro a la espalda de Mauricio Romero –un agujero negro– y Anangonó peinó la pelota a la red. Los hinchas halagaron a los pibes, pero Argentinos tan sólo tomó un poco de aire para llegar con una vida más en este videojuego.
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