Gabriel Heinze jugó apenas ocho partidos en su primer ciclo en Newell’s, antes de comenzar el largo periplo por Europa. El Valladolid de España fue su primer destino en el Viejo Continente. En 1997, la carrera ascendente del zurdo nacido en Crespo, Entre Ríos, recién empezaba a despuntar. El itinerario futbolero lo pasearía por Portugal (el Sporting de Lisboa), Francia (París Saint Germain y Olympique de Marsella), Inglaterra (Manchester United (2004-2007) e Italia (la Roma).
“Jugué en muchos países pero nunca sentí lo mismo que al jugar en Newell’s. Esta camiseta siempre fue especial”, explica ahora que está en las puertas del título más apasionado de su trayectoria. Durante ese recorrido, además, festejó nueve títulos, disputó dos mundiales (Alemania 2006 y Sudáfrica 2010) y se colgó la medalla de oro en Atenas 2004 con la Selección.
Sin embargo, el Gringo pensaba en acrecentar otros registros y otros números. Ni siquiera lo ocultaba mientras disfrutaba las mieles del éxito en el Real Madrid con el que ganó la Liga de España y la Supercopa. “Yo no soy hincha del Madrid. Yo soy hincha de Newell’s. Hoy soy profesional del Madrid, defiendo sus colores a muerte, pero no soy hincha”, recordó en una entrevista del diario deportivo As en abril de 2008.
Faltaban más de cuatro años para concretar su regreso a la Lepra a mediados de 2012, pero Heinze sabía que Rosario era un destino obligado antes del retiro. Lo tenía claro y lo reforzó apenas volvió a poner un pie en el Parque de la Independencia después de 15 años. “La Selección argentina es el sueño de todos, pero hoy yo pienso en Newell’s y en ayudar al club a salir de esta situación”, lanzó cuando dejó la Roma y se sumó al conjunto comandado por Gerardo Martino.
Heinze, en definitiva, quería regresar a sus raíces y volver a ponerse la camiseta rojinegra. Pretendía anotar su primer gol, ese que llegó en el 5-0 ante Unión por la 17ª fecha. Quería dar una mano para alejar a la Lepra de la zona del descenso. Y se ilusionaba, también, con otro horizonte. Soñaba con decir esa frase que le salió de las entrañas cuando la Lepra goleó por 3-0 a Atlético de Rafaela. Y la soltó. Sin cassette. Sin rodeos. Sin falsa modestia. “Yo ya me siento campeón”, dijo Heinze, con una sonrisa enorme, después de otra demostración de Newell’s, el actual líder del Torneo Final con 38 puntos.
Hoy la sensación del Gringo se puede convertir en realidad. Cerca de las 15 y antes del comienzo del partido ante Talleres de Córdoba por la Copa Argentina, él y sus compañeros pueden coronarse por sexta vez en la historia. Si Lanús no revierte el 0-2 ante Estudiantes en los 45 minutos del partido suspendido en la 17ª jornada, la Lepra se llevará el título del Final. “Salir campeón no tiene comparación con nada, me quiero enfocar sólo en eso”, sostuvo.
“Llegué a este club para dar una mano y me llevo esta alegría que es impagable”, dice Heinze con el primer puesto de Newell’s ya asegurado. Pero no se conforma: busca cerrar ese círculo que abrió cuando se fue a hacer su Europa. Va por esa vuelta olímpica que ya siente como propia. Después se podrá ir tranquilo porque, como él mismo señala, ya está hecho: “Qué mejor que irme así, con alegría y regalando un título.”

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